sábado, enero 02, 2010

EL VIENTO

Ha sido un año raro. No tan malo, quizá, como algunos dicen, pero sí extraño. Empezó bajo el signo de la crisis económica y ahí seguimos. Trajo consigo la amenaza de una temible pandemia, la de la gripe A, que al final se ha quedado en una simple racha de resfriados. Y trajo también, como anunciaba algún panegirista del actual gobierno, la inminencia de una conjunción planetaria de liderazgos progresistas, con Obama al otro lado del Atlántico y nuestro presidente ocupando el liderazgo rotatorio de la Unión Europea. El primer fruto de esa fabulosa conjunción fue la intervención del susodicho en la conferencia de Copenhague, en torno al cambio climático, en la que proclamó que la Tierra no es de nadie, que es del viento… Y como si los elementos lo hubieran escuchado, una colosal racha de ventiscas, tormentas y tornados se abatió sobre el escéptico y resignado hemisferio norte, el que alberga a todos esos países que, por su nivel de desarrollo, son los presuntos responsables de la alteración del medio ambiente y de sus consecuencias.

Un año raro, sí. La semana pasada comentábamos los sorprendentes resultados de una encuesta en la que los andaluces afirmaban otorgar a su calidad de vida una nota de ocho sobre diez. Una semana después se publica el dato de que esos andaluces tan satisfechos son los que estadísticamente viven menos de toda la Península: la media de esperanza de vida no llega aquí a los ochenta años. Lo uno no contradice lo otro: una vida puede ser corta y feliz, qué duda cabe. Por lo mismo, cabría deducir que un año malo en lo que a las grandes cuestiones colectivas se refiere no tiene por qué haberlo sido a nivel individual. Los balances vitales obligan siempre al optimismo, porque la primera condición para que uno pueda hacerlos es encontrarse vivo, y ese dato condiciona todos los demás, como dicen los físicos cuánticos que la presencia de un observador altera inevitablemente la naturaleza del fenómeno observado. Seguimos vivos, así que, con crisis o sin ella, vamos bien. No es poco.

La tierra es del viento, como decía nuestro inspirado presidente. El viento tiene una acreditada fama como agente histórico. Con una emisión televisiva de Lo que el viento se llevó celebró el actual partido gobernante su primera victoria electoral en 1982: ese viento histórico, apocalíptico, se llevaba consigo las fuerzas que habían impedido hasta entonces en España el relevo democrático en el poder. Quizá esa película debiera ser repuesta todos los años: todos traen consigo, en sus inicios, la esperanza de llevarse por delante todos los males que dejó el anterior. Casi me atrevería a formular aquí, por tanto, algún pío deseo de naturaleza colectiva para el que empieza. Pero los verdaderos deseos son siempre privados, intransferibles, incluso puede que incomunicables.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Eduardo Flores dijo...

Me ha encantado este artículo, José Manuel. Llevo algo regular lo de hacer el balance del año que nos ha dejado para atacar el entrante con cierta actitud, quiero decir, con el pie derecho. Tus palabras me han animado en esta estupenda mañana de sol en la Bahía.

Un saludo,
Eduardo Flores.

Mercedes dijo...

Con que del viento, eh, pues a ver si, en venganza, ha sido el viento el que se ha llevado los puestos de trabajo de todos los parados, ¿no?
Si el caso es que nuestro presidente lleva razón, el planeta es del viento, lo que pasa es que eso ya lo dijo Toro Sentado hace muchos años en su carta y muuuuuuuuuuuuuuuuchisimo mejor que él.
Un saludo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, si algo le alegra a uno de escribir artículos, es que a veces, por casualidad, éstos den ánimos a alguien. Un abrazo, Eduardo. ¿Y qué es eso de Toro Sentado? Saludos, Mercedes.