lunes, enero 26, 2009

ENSALADA WALDORF

No hay traductor o editor de Emily Dickinson que no mencione su peculiarísima puntuación y, sobre todo, la proliferación de guiones (que en español equivaldrían a puntos suspensivos). Lo que casi ninguno dice, en fin, es que, cuando se leen en voz alta sus poemas, esas pausas normalmente resultan muy pertinentes, y le dan al texto una cualidad especial de..., no sé, de susurro muy meditado, dicho casi al oído.

***

A la ensalada Waldorf (básicamente apio, manzana y mayonesa, a los que se puede añadir una infinidad de ingredientes opcionales) le pasa lo que al haiku: es sencillísima de hacer, pero no todo el mundo sabe darle el punto.

***

No, amigo Romeo, no todos los escritores hablan de dinero: algunos dan por sobreentendida la minuta que creen merecer.

3 comentarios:

Fernando Valls dijo...

El haiku, la ensalada Waldorf y el microrrelato...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Cierto, cierto.

Anónimo dijo...

Conozco a un verdadero Basho de la ensalada Waldorf. Incomparable

ISE