domingo, enero 11, 2009

INTEMPERIES

Sólo los días soleados de invierno alcanzan esta transparencia, que uno no puede dejar de asociar al frío, y que parece una forma extrema de la intemperie, física y anímica.

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No es que a K. le atraiga el frío: todo lo contrario. Pero en la insistencia con que golpea con sus patas alzadas la puerta del balcón hay toda una declaración de fe: esa certeza, tan gatuna, de que donde hay sol, por mucho frío que haga, siempre será posible encontrar unos rescoldos de calor reconfortante. Basta con saber arrimarse a la pared apropiada.

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En ese círculo del infierno donde están todos los pintores de vanguardia todavía hay quien se ríe de estos atardeceres tan... decorativos.

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