***
No es que a K. le atraiga el frío: todo lo contrario. Pero en la insistencia con que golpea con sus patas alzadas la puerta del balcón hay toda una declaración de fe: esa certeza, tan gatuna, de que donde hay sol, por mucho frío que haga, siempre será posible encontrar unos rescoldos de calor reconfortante. Basta con saber arrimarse a la pared apropiada.
***
En ese círculo del infierno donde están todos los pintores de vanguardia todavía hay quien se ríe de estos atardeceres tan... decorativos.




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada