viernes, enero 30, 2009

MADE IN SPAIN

Algún que otro ministro, y hasta el propio presidente, han sugerido que debemos comprar productos españoles. Lo que me deja pensativo. ¿No habíamos quedado en que la llamada “globalización” era la panacea para todos los males del mundo? ¿No se decía que, gracias al desarrollo del comercio global sin trabas, todos los países se beneficiarían, especialmente los más pobres, los que nos envían remesas de emigrantes y generan la mayoría de los conflictos que nos preocupan? Pero llega la crisis y, en ese reflejo del tacaño que espeta: “los míos primero”, se nos dice que, antes de comprar un producto, comprobemos que la etiqueta dice “made in Spain”. Lo que es complicado, claro, porque ya hay empresas indudablemente españolas que manufacturan sus productos en China, por ejemplo. ¿Son menos españolas las prendas de cierta famosísima multinacional textil de origen gallego, hasta hace poco considerada modelo de eficiencia empresarial, si se han cosido en un taller asiático? También se decía, me parece recordar, que lo propio de un país desarrollado es generar valor añadido. Y valor añadido, creo, es lo que corresponde al diseño, a la eficiencia tecnológica, al prestigio de la marca, etc., y no a la materialidad del paño cosido en una desabrida chabola de Shanghai. Habrá incluso quienes, desde posiciones presuntamente progresistas, aduzcan esas duras condiciones de trabajo como excusa para boicotear las manufacturas de esos países. Como si no fuera obvio que la única posibilidad que éstos tienen de evolucionar hacia un mayor bienestar es que se mantenga su actual nivel de desarrollo productivo.

Pero, más que las contradicciones en las que periódicamente incurre nuestra impulsiva clase dirigente, lo que me preocupa es la apelación demagógica a un patriotismo de baja estofa, cuando el otro, el verdadero, el que supone anteponer determinados intereses particulares al bien común, goza más bien de mala prensa. Y me preocupa también lo que el gesto tiene de intromisión en la capacidad de decisión del ciudadano. ¿Habremos de comprar a partir de ahora ordenadores de marca nacional? Antes de adquirir una pescadilla, ¿le pediremos al pescadero un certificado de que no ha sido capturada por un barco matriculado en un puerto marroquí?

Miro a mi alrededor: un buen porcentaje de las cosas que me rodean, y que he pagado con mi dinero, han sido producidas fuera. Al comprarlas, no pretendía traicionar a mi patria: modestamente, sólo intentaba administrar lo mejor posible mis recursos. Sé que no hay riesgo inminente de que se constituya un tribunal especial para juzgar estas conductas antipatrióticas. Pero, por si acaso, voy haciendo acopio de atenuantes; entre ellas, el hecho incontestable de que los tenderos que me han vendido esas cosas también eran españoles (exceptuando, en fin, unos cuantos chinos).

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

1 comentario:

Manuel G. dijo...

En todo caso, productos andaluces.

Si suponemos que comprar productos de la zona donde vives, en la medida de lo posible, redunda en ti mismo, al ayudar a las empresas de la zona donde vives, lo cual ayudará al desarrollo local y no al de un lugar a 1000 o 10000 kilómetros, entonces yo voto por productos andaluces...en la medida de lo posible.

En Andalucía la mayoría de los productos que se consumen son vascos o catalanes. Si se acepta esta teoría del ministro, entonces a los andaluces no nos beneficiaría casi nada comprar productos españoles.