jueves, enero 22, 2009

PAMPAS Y DESIERTOS

Cosas que lo fuerzan a uno a la humildad: un catarro inoportuno; la corrección de pruebas de un libro propio; el reconocimiento de las propias limitaciones. Y hay días en que se junta todo.

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La primera impresión de España que recibe Morla Lynch, el chileno amigo de Lorca: "El campo austero nos infunde la sensación de ser más socorrido y menos solitario que los caseríos". Y eso que venía de una tierra de pampas y desiertos. Pero pasando antes por París.

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Esa precisión de la Dickinson, al filo de la agramaticalidad. No hay traductor que no meta la pata con ella. Hay que presuponerle la intención y restituir la sintaxis elíptica. A veces cuesta, supongo que incluso para los hablantes nativos de su idioma. Pero, una vez se hace la luz, qué claridad meridiana, qué sensación de que lo dicho no podría haber sido expresado de otro modo. En eso sólo tiene un parangón en lengua hispana: el JRJ más desabrido; el que no duda en retorcer una obviedad, que el lector rechaza hasta que, a fuerza de vérselas con ella, termina aceptando su indiscutible pertinencia.

5 comentarios:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Siento lo de la corrección de pruebas, ingrata tarea sin duda. Pero estoy seguro (je, je) de que el libro apenas tenía nada que corregir. Un abrazo.

Bruno Mesa dijo...

Descubro tu blog con un retraso delictivo pero feliz.
Me alegra poder seguirte por aquí.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenido, Bruno. Recordaba tus traducciones en Clarín.

Lo de la cura de humildad, Antonio, lo decía por esos imperdonables despistes en los que, por más que se haya repasado el texto, uno no repara hasta que otra persona se los hace ver.

Octavio dijo...

Un libro sin erratas, ese imposible.

Mery dijo...

Un amigo mío dice que cuando se junta ese todo del que hablas, lo mejor es cerrar y tomarse una copa de vino, o dos, o tres...

Y la Dickinson, ay, cuánta gente se ha dado por vencida en el primer intento.

Un abrazo