miércoles, enero 14, 2009

PIEDRA DE TOQUE

Termino de leer los Cuentos de Roberto Bolaño (Círculo de Lectores, 2008) con sentimientos encontrados. Tal vez la causa sea haberlos leído en mis trayectos en autobús, a razón de un cuento o dos por día, lo que me ha dejado durante tardes enteras a merced de la impresión particular causada por el último; impresión que muy bien podía quedar anulada o desmentida por el leído al día siguiente. Por eso quiero curarme en salud: cuántos juicios pretendidamente críticos no serán el resultado de las condiciones particulares de lectura en las que fue abordado el libro en cuestión. Aunque también podría argüirse lo contrario: si un texto literario se impone a las condiciones accidentales en las que es leído, es que sin duda cuenta con poderosos atractivos intrínsecos.

Tal ha sido el caso, hay que reconocerlo, de un buen puñado de cuentos incluidos en esta recopilación. Algunos ya los he mencionado en este cuaderno: "El retorno", por ejemplo, perteneciente a Putas asesinas, en el que un caso de necrofilia, bastante poco prometedor como fundamento de un cuento que pudiera ser tomado en serio, alumbra una conmovedora fábula sobre el desamparo y la soledad. O "El gaucho insufrible", perteneciente al libro del mismo título, en el que le toma la temperatura al Borges terruñero de "El Sur" y sale airoso del intento... Pero quizá el conjunto más logrado de los tres que se incluyen en esta compilación sea el primero, Llamadas telefónicas, en el que se aprecia una unidad de tono y una seguridad de pulso que se echan de menos en las otras dos entregas. Ahí se incluye "Henri Simon Leprince", una falsa biografía literaria a caballo entre las mejores de Borges y las que concibió Marcel Schwob. O los cuatro intensísimos retratos femeninos que cierran ese primer libro.

Con un balance así, uno no tendría más remedio que confesarse deslumbrado. Pero hay también no pocos factores perturbadores, aliados quizá a esas circunstancias anómalas de lectura de las que hablaba antes. No es sólo el estilo agarbanzado, en el que abundan perlas como ésta: "Durante un rato estuvieron en el coche sin hacer nada, (...) Fred y Susan en la parte de adelante (sic) y Anne en la parte de atrás"; también es la presencia inoportuna e insistente de un narrador autobiogáfico que, en general, suele mostrarse demasiado ansioso de ajustar sus cuentas con un mundo que, a su parecer, lo ha tratado siempre mal... Lo importante aquí no es que el autor pueda o no tener razón en ese ajuste de cuentas; sino que, al anteponerlo a otras consideraciones, sus relatos pierden la necesaria ecuanimidad que requerirían para ser convincentes.

No digamos ya cuando esas cuentas pendientes se extienden a cuestiones de sociología literaria: aquí, como uno es débil, a veces me he dejado arrastrar a la fácil identificación con un destino literario más bien adverso; sentimiento del que, naturalmente, me he repuesto casi con idéntica facilidad, en detrimento de mi estima por los textos que me han llevado a esos vaivenes anímicos.

De ahí que se imponga, finalmente, la no muy tranquilizadora conclusión de que Bolaño, con todo su pretendido desparpajo y salvajismo, no es sino un escritor para escritores; es decir, uno de esos representantes del oficio que, periódicamente, se erigen en piedra de toque para que los demás pongamos a prueba nuestras inseguridades y certezas. No es el mejor destino posible para un escritor. En esto, como en otras cosas, no ha tenido suerte.

6 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Muy interesante intuición la del peso de nuestras circunstancia como lectores en el juicio final de la obra.

Muy atinado el análisis de Bolaño, a pesar del autobús.

Adolfo Poncela dijo...

Estoy de acuerdo contigo, José Manuel, en que los mejores cuentos son los pertenecientes a Llamadas telefónicas. Ahí están sus obras maestras. Y coincido también en destacar "Henri Simon Leprince": una soberbia combinación de melancolía y de ocurrente ingenio.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me alegro de que estés de acuerdo conmigo, Adolfo. Te devuelvo la visita y te enlazo a este blog.
Un saludo.

Manuel G. dijo...

Yo también leo con escepticismo a Bolaño.

Por ejemplo, "El gaucho insufrible", es un relato divertido, inteligente... pero el cuadro muestra una situación bastante tópica o pintoresca.

Bolaño se mueve en mundos pintorescos. Al contrario que otros autores que conocen algún mundo al dedillo y nos muestran una cara verdadera sorprendente.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Buena contraposición la que haces, Manuel, entre mundos pintorescos y verdaderos. Sí, puede que Bolaño le dé un tratamiento pintoresco incluso a lo que le debería resultar más próximo y "verdadero".

Manuel G. dijo...

Si. Ese gaucho de ciudad es sólo pintoresco y gracioso. No creo que sea una gran historia.