domingo, enero 25, 2009

USUARIOS AVENTAJADOS

No hace mucho, un conocido novelista se despachaba, desde su columna de El País, contra la proliferación de los blogs o "bitácoras" de escritores. No es el único profesional de la escritura al que he oído criticar este fenómeno; ni el único, en fin, que señala los que, según él, son los dos "peligros" que comporta. El primero es evidente: cualquiera (incluyendo, en fin, los desaprensivos que insultan o esparcen infundios) puede escribir y hacer públicos sus pareceres. Menos clara me parece la segunda objeción; que, sin embargo, es la que subyace a muchas de estas críticas; la idea de que un escritor que se precie no debe dispersarse en estos juegos, ni desperdiciar su talento en lo que, al fin y al cabo, no genera beneficios editoriales ni, por lo extendido del fenómeno, redunda en un mayor prestigio de quien lo cultiva.

No deseo entrar en esta polémica; sobre todo, porque estoy convencido de que el fenómeno es irreductible a denominadores comunes; y, por tanto, lo que cada cual pueda aducir respecto al mismo no deja de tener un alcance exclusivamente particular. En mi caso, la aparición de este formato vino a colmar un anhelo expresivo que se sustentaba en una paradoja hasta entonces irresoluble: la de conjugar la intimidad de un diario personal con un mínimo de publicidad inmediata que garantizase su pertinencia comunicativa. No sé si este motivo mío valdrá para otros. Ni, la verdad sea dicha, me importa.

Lo que sí veo claro es que este fenómeno viene a colmar una necesidad que, de un modo u otro, se viene sintiendo desde el momento mismo en que se extendió la convicción de que todo el mundo debería saber leer y escribir. Lo propio de una lengua de cultura es contar con un número amplio de hablantes educados que manejen con soltura sus formas expresivas, incluyendo las de índole literario, aunque sólo sea en ámbitos privados. Es decir, que haya ciudadanos que, sin ser escritores profesionales, sepan escribir un soneto o redactar un buen artículo, si se da el caso. Esta situación ideal no es fácilmente constatable en el ámbito del español. Incluso entre personas con inclinaciones literarias, hay muchas incapaces de expresarse con naturalidad en una prosa clara y elegante; no digamos ya en formas poéticas conformes con los fundamentos rítmicos y prosódicos de la poesía castellana, que incluso muchos pretendidos poetas desprecian o ignoran.

El marasmo educativo de las últimas décadas no ha contribuido precisamente a mejorar esta situación. Pero otros factores (algunos, meramente cuantitativos, como el crecimiento de la población con estudios, y otros de índole tecnológica, como la generalización del uso de los ordenadores y del acceso a Internet) han hecho que pueda constatarse un cierto afloramiento de esa difusa capa sociocultural que podríamos definir como de "usuarios aventajados del idioma". Lo que se ha manifestado en al menos dos fenómenos literarios claramente constatables.

El primero es, o fue, el afianzamiento, en poesía, de esa especie de clasicismo atenuado y conversacional que generalizaron los llamados "poetas de la experiencia" en la década de los ochenta, y que, independientemente de las direcciones que hayan querido luego seguir esos mismos poetas u otros posteriores, se ha convertido en el cauce expresivo de un número ya casi inabarcable de personas cultas y buenos lectores que, sin entrar de lleno en la maquinaria editorial o en los círculos literarios, son capaces de utilizar esos moldes con pulcritud y eficacia.

Y el segundo, en fin, es el florecimiento de los blogs, que han generalizado los modos expresivos de los diaristas y articulistas literarios de esa misma promoción literaria (pródiga, también, en estos géneros, hasta entonces despreciados o poco cultivados) y los han hecho extensivos a infinidad de personas literariamente dotadas, pero carentes, en principio, de ambiciones mayores en ese sentido.

Ha tenido uno la suerte de vivir de cerca, primero, esos movimientos estéticos con los que el español literario se ha querido amoldar a los intereses y querencias del hablante culto medio (lo que, al fin y al cabo, puede considerarse uno de los efectos "normalizadores" de la democracia, de signo claramente positivo, frente a otras muchas decantaciones menos gratas); y, luego, esta generalización de sus logros gracias a Internet. Y no creo que los signos de proliferación desmedida que señalan algunos sean, en ningún caso, síntomas de dispersión o desperdicio de energías.

(O eso me digo, en fin, para justificar esta dispersión mía, este desperdicio de energías que mejor podría dedicar ¿a qué?)

13 comentarios:

Eduardo Flores dijo...

Viva el mester de bloguería José Manuel. Le pique a quien el pique.

Un saludo,
Eduardo Flores.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Está bien eso del "mester de bloguería"

Antonio Serrano Cueto dijo...

Por cierto, José Manuel, Félix Romeo cita tu blog en su artículo del ABDC de ayer sábado. Imagino que ya lo habrás visto. Un abrazo.

Mery dijo...

Entraba para comentarte lo de Félix Romeo, pero ya te ha avisado Antonio.
Ya son unos cuantos los novelistas que se suman a la corriente criticona del blog. No entiendo muy bien qué temen, tampoco entiendo que sean capaces de argumentar en contra de una generalidad tan amplia de blogeros, puesto que cada uno tenemos diferentes motivaciones para haber creado nuestra página.

Pero nada, dejémosles que este tema les sirva para rellenar sus columnas semanales; probablemente se queden en blanco con mas frecuencia de la que parece.

José Miguel Ridao dijo...

Estoy plenamente de acuerdo contigo, José Manuel. Quien dice que hay dispersión no reconoce la evidencia de un formato como es el blog donde quedan grabadas las palabras de modo distinto a como se hace en el libro. Es como el paso del vinilo al disco duro en música: cambia el formato, queda el contenido.

La grandeza del blog está en que se escribe por el mero placer de escribir, y no para enriquecerse. Y aquí es donde se ve el plumero a estos articulistas, que lo que temen es la dispersión del dinero.

Manuel G. dijo...

Leí ese artículo de Javier Marías. Me gustan algunos de sus artículos, pero en muchas otras ocasiones suele mostrar un elitismo victimista, incluso agresivo, snob...-no se cómo denominarlo exactamente.

A mi me parece que habría que quitarle a Marías los artículos, el respaldo de las editoriales etc... y probablemente lo veríamos hacerse un blog -aunque realmente ya lo tiene, o se lo han creado.

Se puede denostar a los blogueros, pero los columnistas no es que estén menos llenos de odios, agresividad, afán de notoriedad etc... se puede ver en el mismo Marías.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No hace mucho, Rafael Marín (que es también bloguero, y uno de los pioneros españoles de este género) y yo participamos en una mesa redonda junto con el responsable de esa especie de macroblog literario que patrocina El País. Y nos llamó la atención el que su discurso estuviese lleno de cautelas y advertencias: terminó dándonos la impresión de que su cometido obedecía más a un intento de controlar el fenómeno por parte del medio de comunicación para el que trabajaba, que a una verdadera apuesta por las posibilidades del nuevo género. En fin.

Gracias por el aviso de lo de ABC. Ya me lo dijo Tomás, y en la entrada de ayer hice mis comentarios al respecto.

Manuel dijo...

Sencillamente no comprendo. ¿Por qué se critica la creatividad? Un escritor no debería actuar así.
Seguro que no habrá leido nunca la columna de humo.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Yo no acabo de ver por qué publicar en un blog es desperdiciar talento o dejar de percibir benedicios editoriales. ¿Qué beneficios? ¿Los da la poesía?
Al revés, creo que propician algo muy bueno: se acabó la época de los escritones llorones por no poder publicar.
Sí es verdad que la calidad en los blogs se encuentra con cuenta gotas. Ya sabemos que hay miles de blogs pseudoliterarios cargados de versos ripiosos, faltas de ortografía, incongruencias... Objetivamente, mala literatura. Pero hay otros fantásticos, con una accesibilidad impensable para los libros, especialmente de poesía.
Interesantísima reflexión, José Manuel.

Manuel G. dijo...

"Como todos los blogs son malos, no debéis prestarles atención. Leed mis libros"...este el mensaje verdadero detrás de lo que dice un escritor exitoso como Marías en el medio-papel, evidentemente en defensa de algunas hegemonías.

Puede ser que, con todo, alguno de estos escriores hegemónicos se haga un blog, entonces el mensaje será: "Bueno, cuidado, pueden ser algo muy malo, depende de cómo se haga, y mi modelo es el camino a seguir. Leed mi blog, no otros".

Y finalmente, si se lanza a ese mundo de lleno, dirá: "Los blogs son el futuro. El medio más veráz, inmediato, cercano, sin intermediarios..."

Manuel G. dijo...

perdón: veraz.

Anónimo dijo...

No entiendo esa fijación por denostar todo lo nuevo por el mero hecho de serlo. Además las vías de expresión tradicionales a veces no dan de sí lo que la 'modernidad' va exigiendo. De modo que ánimo a todos los 'bloggers' y especialmente a ti.
Hace no mucho publiqué un artículo en La Voz de Cádiz sobre el tema y mencionaba tu bitácora, que curiosamente -todo hay que decirlo- se convirtió en libro. Por cierto, se me acabó la colaboración con La Voz. Me echaron por la crisis -o eso dicen-
Un abrazo,
Juan Carlos Sierra.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lamento la noticia, Juan Carlos. Creo que estabas haciendo un buen trabajo, y que todos los que nos dedicamos a esto por esta zona nos quedamos un poco más desasistidos con tu salida. Un abrazo.