miércoles, febrero 11, 2009

BURROS

Y pensar que "lencería" viene de lienzo, y evoca, en su primera acepción, el olor áspero y limpio de las sábanas y el buen orden doméstico.

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Sólo en una cosa estoy de acuerdo con los republicanos declarados que conozco: a mí tampoco me gusta la monarquía. Todo lo demás lo tendríamos que negociar.

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Me dejo llevar a una de esas absurdas conversaciones en las que uno acaba alardeando de haber visto el reparto de gaseosas en carros tirados por burros, y de no haber conocido un cuarto de baño propiamente dicho hasta casi tener uso de razón. No sé por qué presumimos de estas cosas. Tal vez por el prurito de haber atisbado un mundo que los más jóvenes ni siquiera imaginan. Y por pensar, más o menos inconfesadamente, que tales antecedentes nos justifican, aunque no sé de qué.

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Cuánta atención hay que dedicarle a alguien para escamotearle el saludo. Porque la máxima de "a nadie se le niegan los buenos días" obedece, ante todo, a un principio de comodidad.

4 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Más que a un principio de comodidad, yo diría que el saludo obedece a un gesto automático y nada reflexivo (de ahí que muchas veces saludemos simplemente porque nos saludan, sin estar seguros de conocer a la persona). En cualquier caso, yo sólo he retirado el saludo a dos personas en cuarenta y tres años, y para mí ha sido (y es) muy triste. Si puedo vencer "esa comodidad" o "ese automatismo" es porque en algún momento se perdió para siempre el respeto hacia mi persona. Y a estas alturas de mi vida, sacrificios, los imprescindibles. Un abrazo.

José Miguel Ridao dijo...

Yo estoy con José Manuel. Es mucho más cómodo seguir saludando, aunque nos hayan faltado al respeto. Para mí es un sacrificio esforzarme por no saludar cada vez que me encuentro con esa persona. Además, ella sabe perfectamente que no es un saludo sincero.

Un saludo cómodo, sincero y virtual.

Mery dijo...

Estoy completamente de acuerdo con esta reflexión tuya del por qué necesitamos justificarnos de algo, alardeando de haber vivido tiempos mas o menos calamitosos. Como si tuviéramos que pedir perdón por los vacas gordas.
El ser humano arrastra muchos complejos y contradicciones.

Un abrazo

Manuel G. dijo...

Otra conversación de esas:

"No me preocupa la crisis. Yo he visto esos tiempos en que la gente iba a coger caracoles y tagarninas al campo para ganarse el dinero. Y de momento no veo que vayamos a llegar a tanto. No veo problema."