sábado, febrero 28, 2009

HACHES

Han salido a la luz, a raíz del infame asesinato de la niña Marta del Castillo, las amenazas que el criminal le había dirigido meses atrás en uno de esos “foros sociales” de Internet en el que los dos participaban. Y ha llamado la atención, aparte de lo que el detalle añade al horror de lo sucedido, la torturada ortografía en que estaban expresadas esas amenazas. El dato, cómo no, ha animado fugazmente el siempre aplazado debate sobre el nivel de incultura en el que parece andar sumida buena parte de nuestra juventud, y el consiguiente fracaso de las instituciones encargadas de su educación y de los responsables de que éstas funcionen como es debido. Nadie niega, en fin, que existe una cierta correlación entre las carencias socio-educativas y los extremos de deshumanización y falta de valores que parecen apreciarse en algunos individuos, que vienen a ser la decantación última del desamparo en el que viven capas sociales enteras. Nada más desesperanzador que esas barriadas donde el solo aspecto de las calles induce a sentirse excluido de todo sentido de pertenencia social. Y la ignorancia expresa, desinhibida, que a veces manifiestan quienes viven en esas condiciones es una de las muchas formas que tienen de declarar su extrañamiento.

Pero sucede, también, que esos mismos individuos votan en las elecciones y consumen lo que anuncia la televisión, por lo que tanto los políticos como los anunciantes parecen tener una cierta predisposición a no sacarlos de su letargo, a no incomodarlos con el recordatorio de sus responsabilidades o con inoportunas exigencias. Las televisiones, incluida la pública, hablan su lenguaje, y algunas de las más falaces promesas electorales parecen ir dirigidas expresamente a ellos. Internet, esa inabarcable fuente de conocimiento, ha generado también guetos donde la incultura y la brutalidad campan a su antojo, y donde se expresa sin tapujos toda esa ancestral violencia que las proclamas oficiales ocultan hipócritamente. El que el racismo, los prejuicios machistas y las más irracionales rivalidades locales y deportivas se expresen tan a las claras en esos ámbitos dice muy poco a favor de la efectividad de las prédicas biempensantes; y la impresión resultante, como muy bien perciben los jóvenes, es que, hoy como ayer, lo que impera en la calle tiene muy poco que ver con los valores que decimos profesar.

Creo que fue el escritor García Márquez quien se pronunció hace años a favor de la supresión de las normas ortográficas. También él, como los políticos y comerciantes, buscaba, sobre todo, no incomodar. Y en una cosa tenía razón: cuando la educación no ha logrado convencer a tantos de la necesidad de regirse por ciertas normas fundamentales, ¿qué más da una hache de más o de menos, o confundir las bes y las uves? La respuesta, en los foros de Internet.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

6 comentarios:

Manuel G. dijo...

Una de las claves es para mi el trabajo. Si unimos a la vida en esos barrios apocalípticos, la falta de trabajo endémica...¿cómo va un chaval de estos a persar en hacer algo provechoso con su vida?.

Para empezar son largos años de ocio. En el norte de Europa, los jóvenes, estudien o no, pueden integrarse rapidamente en la sociedad trabajando. En Andalucía, ser joven es no ser nada. A los jóvenes les esperan normalmente muchos años de ocio destrozapersonas.

Olga B. dijo...

"Años de ocio destrozapersonas". Es cierto que las cosas son muy difíciles, pero tener veinte años y nada que perder es una situación que también podría tener alguna lectura más amable. De todo se puede echar la culpa a la sociedad y sus instituciones y sus políticos, y se tiene razón en parte... sólo en parte.
Estos críos tienen el acceso a las haches más barato y más posible de toda la historia de España, alguna responsabilidad tendrán de lo que hacen cuando escriben y cuando matan. Ni sus padres, ni el barrio ni el político de turno han matado a esa chica. La ha matado un chaval joven, guapo, con pinta de sano en las fotos, que seguramente ha tenido más cerca la atención médica y la educación de lo que la tendrán nunca un tercio de los habitantes de este mundo tan moderno y tan jodido. Y eso ha costado un esfuerzo enorme.
Sé que el artículo no disculpa en absoluto al criminal, tampoco el comentario posterior pero, aun siendo cierto lo que decís..."¿cómo va un chaval de estos a pensar en hacer algo provechoso con su vida?" Pues como lo hemos hecho los demás. Son muy pocos los que nacen con la vida "solucionada".
Un saludo.

Manuel G. dijo...

Olga B...¿tu has vivido en uno de esos barrios infames de Sevilla?.

En ese caso, daría mucho más valor a lo que me dices.

Hablas de sanidad y educación, pero no de trabajo, que es lo que yo digo.

Trabajo hay menos que nunca.

Hay lugares donde no hay futuro ni trabajo, ni las oportunidades que tiene la gente de otros lugares. Alguien puede decir, pues que emigren.

El problema es que ¿quienes son "los demás que lo hemos hecho"? ¿los de ese mismo barrio?.

Manuel G. dijo...

Y con eso no quiero decir que estos chavales no sean responsables. Sólo que eso explica el universo de muchos de ellos, y lo que se crea en esos ambientes; sólo algunos llegan a hacer lo que han hecho en el caso de Marta. La realidad es que también ocurre en las mejores familias.

Olga B. dijo...

Pues en muy buen barrio no nací, claro que en eso no tuve ni mérito ni culpa y por tanto me cuidaría mucho de sugerirle a nadie que su opinión tiene más valor o menos que la mía en función de dónde haya nacido o vivido.
No creo que Zaragoza, por desgracia, tenga que envidiar nada a Sevilla en esas cuestiones.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Evidentemente, no es éste un asunto que pueda despacharse en un folio. Mi artículo sólo aspiraba a abordar algunas de las implicaciones educativas de la cuestión. Evidentemente, son bienvenidas todas las matizaciones. Sin olvidar, creo, que estamos de acuerdo en lo fundamental: en que ninguna circunstancia, digamos, ambiental atenúa el principio de responsabilidad individual. Que se extiende, entiendo -y en eso creo que estoy de acuerdo con Olga- al hecho de que capas sociales enteras que hoy día tienen acceso a la educación le dan voluntariamente la espalda. Y que en eso hay connivencias no confesadas de ciertas instancias del poder.