jueves, febrero 05, 2009

PIPANDO

La primera vez que leemos un libro, no hacemos otra cosa que acopiar, como cuando los camellos beben agua para almacenarla en la joroba. Ya llegará el momento en que nos aproveche. Y habrá que esperar a la segunda lectura, por lo menos, para paladearlo, como un vino.

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Han venido a inspeccionarme. Lo que me parece muy bien, porque no hay trabajo que no sea susceptible de degenerar en mera pantomima de trabajo, especialmente cuando quien paga es el erario público. Pero lo curioso del caso es que, bien mirado, un inspector sólo se ve plenamente justificado cuando descubre una irregularidad: cuando, por ejemplo, sorprende al empleado leyendo el periódico, o le dicen que salió a desayunar hace horas y todavía no ha vuelto. Cuando no, la situación que se produce es más bien embarazosa, y se resuelve en cumplidos forzados o en frases de puro trámite, que traslucen bien a las claras el azoramiento del importuno, por una parte, y la sensación de agravio del importunado; y también puede pasar que éste, de puro considerado, lamente no haber estado en ese momento tocándose las narices, para no desairar a nadie.

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Me gusta cómo lo decimos aquí: "He llegado a casa pipando" (chorreando).

3 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Lo del acopio no me pasa con todos los libros, pero sí me ocurre con tu blog. No conocía esa expresión (pipando). Yo suelo decir pingando.

Un saludo.

Manuel G. dijo...

jaja...lo de los inspectores es así. Para demostrar que trabajan tienen que sacar pegas.

Pasa algo parecido con los jefes. Si el subordinado hace perfectamente su trabajo, pleno de iniciativa y resolución, el jefe no encuentrará cómo demostrar quien es el que manda.

El jefe prefiere un mal trabajo, o un mal trabajador, así su labor cobra sentido. "Sin mi, con estos inútiles, nada funciona."

Y por otro lado, si tienes jefes, no tiene sentido hacer el trabajo perfecto, incluso es mejor hacerlo mal, hay que darles algo que señalar, que arreglar, en lo que sentir su superioridad.

Jefe con subordinado perfecto, verá que no hay forma de hacer demostración de mando, y lo hará de alguna manera peor, con mentiras, acosos, inquinas.

Rosario Troncoso dijo...

He sufrido la semana pasada la inspección e inspeccionamiento en mi centro.
Una hora entera estuvo el hombre en el aula, conmigo, sentado al final de la fila de la izquierda, cual alumno impertinente castigado, en mi 2º de bachillerato, soportando toda una clase de sintaxis...
Ahí, en silencio,fiscalizándome el cuaderno del profesor, aprendiéndose de memoria (o eso parecía, lo digo por la cara de concentración) la programación didáctica de aula, el proyecto de trabajo de prácticas, la planificación anual...
Me faltó darle una carretilla para tanto documento (papeleo inútil).
Al final, adiós muy buenas, viendo que sí que trabajé, que sí que ejercí mi labor de profesora (en prácticas) y que tengo justificado el sueldo. Menos mal... menos mal.