lunes, marzo 23, 2009

CHAMPÚ

Le pregunto al quiosquero, por mero protocolo, si el diario trae película hoy. Y el quiosquero, muy digno, me dice: "No, lo que ha venido hoy son estas películas eróticas", como dando por sentado que a un parroquiano tan aparentemente serio y respetable como yo no le interesan esas cosas. Para su sorpresa, le digo que me enseñe la de hoy. Me muestra la carátula: El imperio de los sentidos. Y como uno le tiene cierta ley a esa desnortada película de pasiones desaforadas, le digo, para su sorpresa, que me la voy a llevar. "Dos euros diez", me dice, en tono ofendido. Debo de parecerle un degenerado. Y allá que voy, con el periódico bajo el brazo y cierta sensación de culpabilidad: no por haber comprado la película (que, al fin y al cabo, distribuye el respetabilísimo periódico El País), sino por haber incurrido en este acto de autocomplacencia, en honor a quien fui que cuando, en compañía de otros que tal bailaban, nos apretujábamos en el incómodo cineclub local para empaparnos de cultura presuntamente transgresora y contestataria. Y cuyos ejemplos más destacados, ay, ya casi regalan con los periódicos, como las muestras de champú.

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Leo en el colorín del mismo periódico
un reportaje sobre la guerra civil, firmado por Jorge M. Reverte, en el que se afirman cosas como que en la zona republicana "había desaparecido el estado democrático", o que "el País Vasco, Santander y Asturias se regían por gobiernos que no habían sido legitimados por las urnas" o que "los batallones del PNV se encargaron de que la industria pesada vizcaína cayera intacta en manos de Franco"; por no mencionar, en fin, las ambigüedades de este partido al inicio del conflicto o sus intentos de llegar a una paz separada con Franco por mediación del Vaticano... Son hechos sobradamente conocidos por los historiadores, pero con los que uno no solía encontrarse en las crónicas periodísticas, en las que hasta ahora, para realzar las iniquidades de los militares sublevados contra la autoridad legítima, parecía necesario idealizar la realidad del otro bando. Llegará un momento en que, para hablar de aquella guerra, y aun teniendo bien claro quiénes la iniciaron y qué inaceptables ideales políticos defendían, no hará falta hacer una inequívoca profesión de fe en los ideales contrarios. Lo que, tal vez, redundará a favor de los muchos españoles de entonces que, sabiendo ellos también de qué parte estaba la razón legal y política, se horrorizaron ante la sinrazón y la violencia de la que hicieron gala ambos bandos.

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(Cuando escribo parrafadas como la que antecede, me siento un impostor. Por pudor, más que nada. Y por temor de que los ingenuos desiderata que a veces traslucen puedan parecer algo así como una línea de pensamiento clara, terminante, que me complazco en pregonar. Todo lo contrario. Pero cómo expresar ese "todo lo contrario" de otro modo que no fuera el silencio, que tampoco lleva a ninguna parte.)

6 comentarios:

Gonzalo («Darabuc») dijo...

Hola:

Perdona que utilice este medio para una pregunta que no está relacionada directamente con la entrada. Necesito citar al pie de una traducción una antología poética de Kipling y no sé si la de 2006 (El himno de McAndrew...) revisa con otro título o quizá complementa las de 2002 y 1996 (Poemas).

Gracias,

Gonzalo

Anónimo dijo...

Buenos días Sr. Benítez. A mí el Imperio de los sentidos me parece una película muy romántica, pese a su escabroso final.

ISE

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La de 2006 amplía considerablemente las anteriores, revisa los poemas ya publicados y tiene una introducción nueva. No es, como la de 2002, una mera edición ampliada de la anterior, sino un libro sustancialmente distinto.

Gonzalo («Darabuc») dijo...

Citaré solamente esa, entonces. (Habría dicho que era lo más previsible, pero dado el cambio de título, me ha parecido mejor preguntar.) Gracias.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

A hurtadillas, con vocación clandestina, profanando el decoro, como se llame, así en ocasiones accede uno a la Gran Cultura, que puede ofrecer, a las mentes simples, aspecto de frivolidad, de carnaza directamente consumible vía onanista, pero no, está ahí la película (grandiosa) Ai no corrida y sólo lamento haberme perdido la oportunidad de pecar en el kiosko y llevármela frente a los "morros" de algún vigilante de la moral. Qué bonito el furtivismo. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Qué curioso eso de "pecar en el quiosco"...