miércoles, marzo 11, 2009

DESTINO DESCONOCIDO

Me cuenta M.A. que en la medina de Tetuán hay una calle que llaman "de los pobres", porque en ella se vende, barato, lo que nadie quiere: la fruta un poco picada, las verduras pochas, lo que está a punto de pasarse. Con cuatro desechos siempre puede aviarse una comida. Y cuánta dignidad en esta pobreza que todavía se rige por principios de mercado, y en la que unos céntimos todavía significan la posibilidad de comer caliente.

***

He impreso los dieciséis folios que ocupa la liste de personnages que la Wikipédia francesa (¿no tendría que ser Wikipédie?) incluye en la entrada correspondiente a À la recherche du temps perdu. Más que nada, porque me ha divertido la curiosa advertencia que el redactor anónimo de estas páginas dirige al lector "que no haya tomado notas" en las primeras fases de su lectura. Y porque, por el mero hecho de tener a mano esta especie de guía, me siento como en los lejanos tiempos en que, para no perderme en la lectura de Cien años de soledad, iba haciendo el árbol genealógico de los personajes. Árbol que, por cierto, todavía conservo, y que le ha sido muy útil a mi hija en su reciente lectura de este libro.

***

Hoy el autobús traía el letrero apagado. Y una de las mujeres que esperaban en la parada resumió bien nuestro desamparo: "Destino desconocido".

6 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Igualito esa calle de los pobres que las Tres Mil o El Vacie. Nuestra pobreza es más bien delincuencia e incultura. No es miseria, es marginalidad; no es hambre, es síndrome de abstinencia. Al menos por ahora...

Eduardo Flores dijo...

Jamás pensé en hacer el árbol genealógico, ¡dioses! tardé un siglo y medio: venga para atrás, ahora para adelante, ¿y éste qué Aureliano es ahora? y venga para atrás otra vez. No sé por qué aún me sorprenden estas torpezas mías. Para algunas cosas tan listillo, para otras tan inepto.

Un saludo,
Eduardo Flores.

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

No es por nada, pero el árbol geneálogico de "Cien años de soledad" lo trazó Josefina Ludmer y se incluye en las ediciones de Cátedra desde entonces. Obviamente, es más emotivo trazarlo uno mismo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tomás, uno es tan viejo que leyó Cien años de soledad antes de que lo publicaran en Cátedra, en una edición desasistida y fea que publicó Plaza & Janés.

Mery dijo...

Tienes razón, cuánta dignidad en comer caliente con los céntimos del deshecho.

El Viejo Fettes dijo...

Yo también soy de los que hizo su árbol genealógico pero luego dejé el libro, cosa que nunca se debe hacer. El libro lo recuperé pero el árbol no.