jueves, marzo 26, 2009

EN EL FONDO

En la presentación de Partes de guerra, la espléndida antología de cuentos sobre la guerra civil que ha compilado Ignacio Martínez de Pisón, afirma éste que muchos autores competentes que vivieron y escribieron en España durante el franquismo fueron víctimas, con la llegada de la democracia, de una especie de pacto de silencio, que les llevó a desaparecer de la primera plana de la actualidad literaria, primero, y luego de las librerías, donde ya son prácticamente inencontrables. La nómina incluye a autores tan notables como Jesús Martín Santos o Francisco García Pavón, y engloba ya a otros que, como Delibes, siguieron escribiendo con éxito en los primeros lustros de la democracia, pero que, tras la inevitable ralentización de su producción en los últimos años, empiezan a sufrir el destino común de su generación. Le faltó a Ignacio señalar que de todos estos autores es fácil encontrar títulos en las librerías de viejo; y que son ellas las que, en estos tiempos de reivindicación de la "memoria histórica", mantienen viva esa otra memoria, para mí más certera y objetiva, que se plasma en lo efectivamente escrito por quienes vivieron esos tiempos difíciles. No sé si reeditar a todos esos autores les aseguraría mayor vigencia. Y es que, a determinados efectos, la verdadera inmortalidad literaria (o esa versión más modesta de la misma, que se encarga simplemente de que ciertas obras sobrevivan a la coyuntura en que fueron escritas) sólo se alcanza cuando los libros pasan a ese polvoriento circuito menor, de dónde sólo la curiosidad genuina, y yo diría incluso que el amor, viene a rescatarlos.

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"En el fondo, no había uno solo de sus conocidos que no fuera capaz de una infamia" (Swann, en sus desoladas meditaciones sobre el creciente desapego de Odette).

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Primeros pasos ciertos por el mundo de Vacaciones de invierno, mi nueva novela: leo su título en varios periódicos, que informan de la presentación madrileña de Paréntesis, el sello editorial que la publica. La ve uno dar esos pasos con la incertidumbre con que se ve cruzar la puerta al hijo adolescente que tiene por primera vez permiso para salir de noche. A saber si volverá hecha unos zorros.

6 comentarios:

conde-duque dijo...

José Manuel, no nos mates tan pronto a Delibes, que algunos tenemos la esperanza de que escriba algo más...

conde-duque dijo...

Por cierto, tiene muy buena pinta el proyecto editorial de Paréntesis.
Muy interesante.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Esto... amigo Conde, no encuentro palabras para pedir disculpas por el error. El largo silencio editorial que ha seguido a El hereje y el ambiente elegíaco en que transcurrió el acto aludido sin duda han favorecido el lapsus.

(Últimamente no hago otra cosa que cometer errores; debo de estar haciéndome viejo; y sin la lucidez de Delibes.)

conde-duque dijo...

No tiene mayor importancia, hombre. Un lapsus.
Por cierto, ¿te gustó "El hereje"?No sé por qué mucha gente la pone mal. Parecía un giro en su trayectoria (al ser novela histórica y tal), pero yo la disfruté mucho en su día.
Siempre da gusto leer a este hombre.

Mery dijo...

Si, me he enterado por la editorial Paréntesis y estoy segura de que serán un éxito ambos alumbramientos.
Enhorabuena

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Mery.

Y en cuanto a lo de El hereje : tengo inmejorables referencias de esa novela, pero no la he leído aún, quizá por no empañar la imagen realista que tengo del Delibes de Diario de un cazador, El camino y, muy especialmente, de Viejas historias de Castilla la Vieja. Me gusta menos el Delibes de tesis ( La hoja roja, Las ratas) y el que se pliega a modas o asuntos coyunturales (Cinco horas con Mario); y le tengo una gran simpatía al Delibes ocasional de los artículos periodísticos, crónicas de viaje, etc.