martes, marzo 17, 2009

ERRORES INDUCIDOS

Los errores que más lamenta uno son los inducidos por alguna inseguridad propia. Y eso explica lo de ayer. Siempre me ha llamado la atención lo poco que me gustaba la traducción de En busca del tiempo perdido que hizo Pedro Salinas; pero ayer, cuando fui a consignar esa opinión aquí, tuve el escrúpulo de confirmar el dato: y lo que me saltó a la vista, en la página de copyrights de la edición en Salvat de Unos amores de Swann (la novella casi independiente que se incluye en el primer tomo de la obra proustiana) fue el nombre de los herederos de Salinas. Por un prejuicio fácilmente explicable, creí que era yo quien hasta entonces había estado equivocado respecto a esa autoría, y que el habitualmente lúcido poeta y crítico no era el responsable de la versión objeto de mis reproches. Naturalmente, no es que abrigue ningún prejuicio contra los herederos de Salinas, pero sentí alivio al descargar en ellos la culpa que no quería atribuir al poeta. Un lector de este cuaderno tuvo a bien reprenderme por el error. Y lo que ahora motiva mi contrariedad y mi irritación conmigo mismo es la cadena de prejuicios, preferencias e inseguridades que me llevó a cometerlo. Un proceso que conozco bien, ay, por otras lamentables meteduras de pata en las que a veces incurro en la vida cotidiana.

6 comentarios:

El Viejo Fettes dijo...

Me presento, mi nombre es Fernando, en los blogs El Viejo Fettes. Sigo este blog desde hace un tiempo y coincido bastante en los gustos y en los comentarios. Yo he sido reacio hasta ahora a leer En busca del tiempo perdido en las nuevas traducciones, pero veo que tendré que hacerlo. Me parece que Pedro Salinas tradujo los dos primeros tomos, el resto lo hizo junto a Consuelo Berges o lo hizo ella sola. Me gusta Salinas como poeta por lo que tenía devoción por su traducción. Pero lo dicho, ahora me pondré con la de Carlos Manzano. Saludos

Anónimo dijo...

Si errar es humano, corregirse es de sabios. Dicho de otro modo: el que no se enmienda se enmierda.
Es difícil creer que ese primer volumen de Proust, en la traducción que firma Salinas, sea de Salinas, pero es que los caminos de la traducción son tortuosos. Yo creo que es una traducción muy de época, de una época en la que se traducía sistemáticamente mal. Las de la propia Consuelo Berges, sea Proust o Stendhal, tampoco se sostienen hoy nada bien. Lo que hizo Dámaso Alonso con Joyce clama al cielo de tal modo que Alonso hubo de firmar con seudónimo. Y la lista sería muy larga, seguro.
En cuanto a los nuevos Proust: que Manzano mejore lo anterior es lo mínimo que se le podía pedir. No podría poner la mano en el fuego, pero sospecho que la traducción buena es en realidad la de Mauro Armiño, de la que nadie dice nada.
Para terminar: si esos prejuicios encadenados que JMBA conoce y reconoce en su caso, lo cual le honra, los hubiera barruntado en el suyo el mismo André Gide, sin ir más lejos, otro gallo le hubiera cantado a Proust a la hora de despertarse.

(El mismo de ayer a estas horas)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No conozco la traducción de Mauro Armiño. Totalmente de acuerdo con todo lo demás, amigo anónimo. Se ve que conoce usted muy bien estas cuestiones, por lo que me interesaría identificarlo como interlocutor. Le animo a que firme sus comentarios. Que, por otra parte son muy bienvenidos.

Anónimo dijo...

No nos vayamos a "ustear" ahora, que eso nos avejenta. Y permíteme, no es por jorobar, que conserve el anonimato: fijémonos en lo que decimos, no en quién lo dice. Sólo te puedo decir que ya dije una vez, con conocimiento de causa, que tu "Lord Jim" es francamente bueno. Si descifras la adivinanza guárdame el secreto.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Y amigo Fernando: el ajetreo de estos días me ha impedido contestar todos los comentarios, y espero que éste llegue a tiempo de que lo leas. En esto de las traducciones hubo una época en que era muy común que se hicieran a varias manos, y que no hubiera la mínima revisión necesaria para que el resultado fuera coherente. Se nota mucho, por ejemplo, en la de La montaña mágica , que la firma Mario Verdaguer, que fue un interesante prosista, pero en la que se advierten varios estilos, cada uno con sus correspondientes tics y errores.
Saludos

El Viejo Fettes dijo...

La verdad es que como ya voy teniendo una cierta edad parece que ha llegado la hora de releer, y la nueva traducción de la Montaña Mágica es otra de las que tengo pendientes. Por cierto, me sumo a las felicitaciones, aunque a destiempo, por tu Lord Jim. Además, las ediciones de los clásicos en Pre-textos son un lujo.