jueves, marzo 26, 2009

MALETAS

Un millón doscientas mil maletas perdieron las aerolíneas en todo el mundo en el año 2007… Ve uno un titular como éste y se le acelera el pulso: por qué escribir sobre la crisis, sobre la corrupción política o sobre los flagrantes casos de maldad humana que acongojan el ánimo de quienes leen periódicos, cuando, sin salirse de lo que es noticia, puede uno lanzarse a imaginar nada menos que el millón largo de novelas no escritas que encierra esa cantidad ingente de maletas perdidas. Vivimos bajo el mito de la individualidad, y creemos firmemente que todo aquello que tocamos se convierte en un testimonio irrebatible de nuestro paso por la tierra. Y si nuestros propios desechos nos retratan (hasta el punto, en fin, de que ya hay municipios en los que la policía registra la basura para identificar a los autores de ciertas infracciones), cómo no íbamos a dar por sentado que aquello que elegimos llevar con nosotros en un viaje no había de ser sino un compendio de nuestros gustos e inclinaciones… La realidad es otra: lo que nos define cuando salimos de nuestro entorno es el afán de uniformidad, de que nada nos caracterice demasiado, ni valga lo bastante como para que lamentemos su pérdida. Para andar por el mundo el hombre moderno no necesita más que una muda limpia y un neceser con dos o tres artículos de aseo.

Con lo que tenemos que, salvando la imprescindible cuota de excepcionalidad que haya que conceder a posibles contrabandistas, asesinos, evasores de capitales y enamorados excéntricos, lo que anda perdido por el mundo es un millón largo de ternos casi idénticos; de camisas, calzoncillos, bragas, medias, blusas que han extraviado a sus dueños, por más que muchos de éstos, por mero sentido de la dignidad herida, se hayan desgañitado reclamando a los responsables la inmediata devolución de lo extraviado o el abono de una compensación. Aún recuerdo la indignación de un compañero de trabajo al que ayudé hace años a cumplimentar el impreso de reclamación de una exótica compañía aérea del Extremo Oriente. “¿Vale mucho lo que has perdido?”, le pregunté. “Nada: unas camisas sucias, media docena de postales, una cámara barata…”. Y estuve por decirle que se desentendiera del asunto. Pero enseguida entendí que lo que quería recuperar no era esa cámara o esas camisas, sino nada menos que su sombra, errante desde entonces por los limbos de Asia.

La Comisión Europea ha decidido tomar cartas en el asunto. Y también hemos leído que, de un modo similar, las autoridades monetarias andan indagando qué ha sido de todos esos millones que, sin haber existido físicamente jamás, antes contaban en el haber de los bancos y de los estados y hoy acrecientan el capítulo de pérdidas… Y nunca un misterio pareció tan fácil de resolver. ¿A dónde ha ido a parar todo ese dinero? A ese millón largo de maletas.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

arati dijo...

Creo que están en el mismo lugar que los correos que envías y nunca llegan a su destinatario...

(Este post habría que leerlo con fondo musical de Silvio Rodrígez: A dónde van)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La música de fondo la ponen los buenos lectores, Arati, como es tu caso.
Un saludo.