martes, marzo 31, 2009

NOVELA SOLIPSISTA

Noche mal dormida. Y me acuerdo de J.A.M., en la misma tesitura el domingo pasado (aunque por distintas razones), con la mirada turbia y la voluntad puesta en el propósito de dar algunas paladas a su huerta, en medio de una mañana que, por lo turbia y desabrida, parecía una proyección de la borrasca emboscada en su entrecejo. Y cada palada que daba, cada piedra que enderezaba, era como una rectificación de ese mal ánimo.

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Llama uno a Fulano, le pide parecer a Mengano, teje y desteje la trama de las relaciones sociales y humanas a las que habrá de renunciar y las que habrá de reconstruir si, finalmente, las decisiones tomadas llegan a buen término... Y como todo esto sucede mientras leo
A la sombra de las muchachas en flor, siento respecto a este libro lo que sentí, en la adolescencia, cuando leía Un amor de Swann y me parecía que ese desencantado análisis del amor maduro describía punto por punto el desordenado batiburrillo de mi sentimentalidad de entonces. Nada más lejos de la realidad. Como nada más opuesto a la enrevesada trama social de los Swann, los Verdurin, Guermantes y compañía que la madeja que ahora devano. Sin embargo, una de las funciones de la literatura debe de ser, sin duda, proporcionarnos esa clase de espejismo. Darles una dimensión ficticia, digamos, a las crudas realidades en las que vivimos; y convertirnos en protagonistas de nuestra propia novela. Aunque sea una novela solipsista, que tan sólo percibe como tal quien la protagoniza.

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Al entrar en el edificio, a pocos metros de mí se desploma un trozo de cornisa y unos cuantos cascotes se estrellan contra la acera. De haberme acertado, no estaría escribiendo estas líneas. Otras veces es un coche que te pasa rozando, o un mal resbalón del que te libra una mano interpuesta a tiempo. Estamos vivos de milagro. Y cada vez que uno constata este balance favorable del azar, debería de dejar lo que tiene entre manos y lanzarse a la calle a celebrar la vida entre cánticos alborozados. Pero no.

1 comentario:

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

Me interesa mucho esa ficcionalización de la realidad a la que aludes en tu segundo texto. Salud.