jueves, marzo 05, 2009

PAN CON PAN

La lectora de hoy (¿quién ha dicho que no se lee en este país?) lleva sobre el regazo una biografía de Lennon. Pero, a diferencia del aplicado lector de Sófocles con quien coincidí ayer, no logra enfrascarse en su libro, y al cabo prefiere contemplar el paisaje. Y uno, metido en lo suyo y todavía bajo los efluvios de la magdalena mojada en tila o café que empezó a deshacérsele en el paladar cien páginas atrás, la compadece. No por una cuestión de jerarquías literarias: cada uno es muy libre de leer lo que le parezca; sino por la genuina impresión de que enfrascarse en una desabrida vida contemporánea en medio del desabrido paisaje suburbano, también contemporáneo, que atraviesa este autobús es como comer pan con pan.

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Coloco en el estante de novedades
El espectador, de Ortega y Gasset, en un bonito volumen en papel biblia que encontré en un baratillo, y que he traído a mi biblioteca escolar en atención a una compañera que me lo había pedido encarecidamente. Qué raro y solo veo este libro entre la clase de cosas que se suelen leer aquí. Sin embargo, debe estar; por lo mismo que en medio de una bandada de pillastres que corretean en un patio debe haber un señor mayor con un guardapolvo y una palmeta (más simbólica que otra cosa) en la mano.

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Vivre sa vie, de Godard. Pero qué aspecto de marionetas tienen estos personajes de cartón piedra que, más que vivir su vida, ponen en pie el desastrado teatrillo de títeres que ocupa la segunda mitad del siglo XX: nihilismo, encanallamiento, mucho inconformismo y... mucha jeta (y no lo digo precisamente por el bellísimo rostro de Anna Karina).

4 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Ese rostro y esa expresión de desamparo vale por toda una película, José Manuel. Por cierto, ¿magdalena mojada en tila? En fin... me lo podías haber dicho antes de mi entrada de ayer.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

El narrador de A la búsqueda del tiempo perdido no recuerda si la bebida en la que se mojaba la famosa magdalena era té o tila... No sé, a mí no me parece tan extraña la posibilidad de que fuera lo segundo. Al fin y al cabo, en ambos casos estamos hablando de agua teñida con hierbajos...

arati dijo...

Según dicen las estadísticas en este país se compran pocos libros.
Yo no sé si se lee poco o mucho "en la intimidad", ese lugar recóndito donde algunos despliegan habilidades insólitas, pero puedo asegurarle que en mi ciudad sí se lee -y mucho- en el transporte público, sobre todo en el metro.
Y especialmente las mujeres.

Precioso fotograma.

Saludos

Mery dijo...

Lo de Ortega en papel biblia me parece de lo mas encantador. Ese rara avis destacará con luz propia.
A ver si una mano interesante lo saca del estante a no mucho tardar.