sábado, marzo 21, 2009

REBAJAS

Ahora que somos más pobres, todo está más barato. O, mejor dicho, los precios han bajado lo justo para mantener la necesaria distancia relativa entre la capacidad de compra del cliente y el afán de enriquecerse del vendedor. El precio debe ser el máximo que el comprador esté dispuesto a pagar sin rebasar ciertos límites. Por eso hay tantos artículos cuyo importe acaba en nueve, o en noventa y nueve: si lo redondearan, entraríamos en una dimensión psicológica distinta, la que implica pasar de cincuenta y tantos euros, pongo por caso (aunque el pico sea de nueve con noventa y nueve) a sesenta, lo que supone convertir una diferencia real de apenas un céntimo en otra, subjetiva, de diez euros, que es a lo que equivale cambiar un dígito por otro en el lugar de las decenas…

Con todo, el síntoma más evidente de la creciente apatía económica en que vivimos parece ser la mera resistencia del ciudadano a gastar, a consumir, a endeudarse de por vida para adquirir cosas que no valen ese esfuerzo. Y el mercado, que tan bien ha sabido entender al comprador en otras ocasiones, no tiene nada mejor que ofrecerle esta vez que una simple bajada general de precios. “Desayuno anticrisis” leemos en grandes carteles a la entrada de algunos bares, para animar a gastar un par de euros a los muchos viandantes que posiblemente ahora prefieren desayunar en casa, o hacer dieta... Pasa uno ante los escaparates de ropa, en los últimas días de la actual campaña de rebajas, y encuentra que podría adquirir un terno completo por apenas unas decenas de euros… Naturalmente, es posible que esa ropa no resulte todo lo favorecedora que uno quisiera, pero, por esos precios, qué más se puede pedir. Y entra uno en un concesionario de coches y sale casi convencido de que, por menos de lo que cuesta diariamente coger el autobús, podría pagar los plazos de un último modelo. Todo está barato. O, como decíamos: nada se regala, pero nada termina de parecer del todo inaccesible, porque nuestra economía, mientras no se invente otra, se basa en esa ilusión de que siempre es posible animar a alguien a que se gaste lo que tiene y una parte de lo que acaso no tiene aún, pero acabará llegando a sus manos oportunamente.

Como para contribuir a este estado de ánimo, el gobierno ha decidido rebajar en tres euros el precio de la bombona de butano. No recuerdo haber conocido ninguna otra bajada en el precio de este artículo básico, y menos de esta cuantía. Es como si, en tiempos de penuria, las autoridades no quisieran que renunciáramos a ducharnos con agua caliente, o a templarnos la leche del desayuno. Se les agradece el gesto. Pero no deja uno de sentirse arreado, incitado, apremiado con insistencia. Como si ya nos viéramos en la obligación de poner esos tres euros en circulación, para animar el cotarro. Y eso es mucha responsabilidad.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

Hache dijo...

Estimado José Manuel: Desde hace casi seis años editamos una revista de poesía de la que le quisiéramos hacer llegar unos ejemplares para que estudie la posibilidad de colaborar con nosotros en algún número futuro, así que desearíamos que nos facilitara una dirección postal a la que poder enviárselos. Puede ver parte del trabajo que hacemos en http://revistahache.blogspot.com
Gracias por su tiempo.
H.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Facilítenme una dirección de correo electrónico y me pongo en contacto con ustedes.
Un saludo.