martes, marzo 10, 2009

SIN SABER

Frente a otros momentos de incertidumbre económica y social, en los que el sentimiento predominante era el de que unos tenían que destapar o denunciar lo que otros celaban, y viceversa, el estado de ánimo que parece imperar ahora es el de desconcierto compartido. Los empresarios, oigo, dicen que, en caso de que se convocara una huelga general "contra la crisis", se sumarían a la pancarta que encabezara esa hipotética protesta; pero -añaden- sin saber contra quién va dirigida. Y creo que dicen la verdad.

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La eclosión de un lector. Hoy esta casi niña que en los últimos dos años ha devorado colecciones enteras de literatura juvenil viene a pedirme
Cumbres borracosas, y se muestra decepcionada cuando le digo que no lo tengo... Naturalmente, esta misma tarde me echaré a la calle a buscárselo. Ignoro los mecanismos secretos por los que se pasa de leer esas noveluchas oportunistas, plagadas de tópicos, que hoy ocupan la mayoría de las colecciones literarias para jóvenes, a leer un rancio y respetabilísimo novelón que exige lo que podríamos llamar una puesta de escena interior, esa especie de predisposición favorable sin la cual permaneceríamos refractarios a los mundos anímicos e intelectuales que despliegan ante nosotros los sucesivos autores a los que vamos teniendo acceso. Esta chica posee ya esa predisposición, como yo mismo empecé a percatarme de que la tenía cuando, de buenas a primeras, en mi adolescencia, pasé de los libros de Enid Blyton a los de Cortázar o García Márquez (haciendo escala previamente, debo confesarlo, en algunos de Frederick Forsyth y otros autores de best-sellers de la época). Pero no sé en qué consiste ese proceso, que no se da en todos los lectores, y ni siquiera tiene que ver con el mero hábito de leer, que en muchos no implica nunca el impulso a ampliar el campo y a salirse de los caminos ya trillados.

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Y esta otra chica que, en el autobús, va leyendo... Cyrano de Bergerac, en verso. O quizá es que uno sólo ve lo que quiere ver.

6 comentarios:

Olga B. dijo...

Cyrano contra el desconcierto me parece muy bien. Son procesos misteriosos pero afortunadamente irreversibles. Quizá ya nunca puedas prescindir de aquello que te exige una puesta en escena interior, precisamente porque otras cosas no te lo permiten.
Saludos.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Ciertamente es un misterio saber cómo se pasa del hábito lector al hábito del buen lector. Hay gente que se encuentra cómoda en la superficialidad y no se preocupa por profundizar. Prefieren lecturas facilonas, que no requieran esfuerzo. Y, claro está, ahí la calidad es menos probable.
Lo que sí es cierto es que para llegar a ser un buen lector, el único camino es ser primero un lector. Y esperar que se dé el misterioso paso, si así debe ser.

E. G-Máiquez dijo...

Qué bonito y qué bien que veas lo que todos queremos ver. Gracias.

Gonzalo Durán dijo...

Comenzar la mañana descubriendo esta joven lectora con tan buen gusto, ha dejado una sonrisa interior colgada de mis labios, que todavía dura. Algo tendrás tú que ver en todo esto (me consta).

Mery dijo...

Me gusta mucho esa imagen de que se precise una especie de puesta de escena interior,porque así es.
Quizás a esa jovencita le ha llegado la hora del ensimismamiento necesario, para darse cuenta, finalmente, de que lo mejor de la Literatura le esá esperando.
Un abrazo

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Suelo contar pocas cosas aquí de mi vida profesional. Por eso me alegran especialmente estos comentarios tan en sintonía con la modesta satisfacción queme produjo el hecho reseñado. gracias.