martes, abril 28, 2009

ANSIEDADES

Me sorprendo a mí mismo escuchando con cierta ansiedad la previsión meteorológica para el próximo puente de mayo: tiempo anticiclónico, dicen; lo que, traducido al lenguaje corriente, quiere decir días de sol. Y es que tiene uno como una añoranza del sol, resultado del largo y frío invierno, de esta inestable primavera que no acaba de cumplir sus promesas y de esta garganta lastimada que reclama un poco de calor balsámico sobre el pecho. Cada uno tiene sus fantasías. Y que las mías, en esta coyuntura, sean como las de esos viejos que se conforman con sobrevivir al invierno casi me resulta preocupante; si no fuera porque me consta que los viejos no formulan las suyas de este modo tan frívolamente explícito, y se conforman con eso: con sobrevivir.

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Con qué luminosidad formula Proust, al final de A la sombra de las muchachas en flor, una especie de teoría del amor indiferenciado, en el que cualquier cara, cualquier cuerpo de un grupo de chicas deseadas en su conjunto vale por todos los demás. Alguna vez albergó uno ese sentimiento, cuando el grueso de sus amistades eran chicas y uno, por desearlas a todas a la vez, casi no atinaba a emprender las acciones necesarias para conseguir en particular a ninguna de ellas.

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Y el teléfono lleno de llamadas perdidas. Que sería tanto como decir: de ocasiones perdidas, si no fuera porque uno anda ya escarmentado.

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