domingo, abril 12, 2009

EL COLOR DE LA PASIÓN

Parece que la condición sine qua non para ser titular del ministerio del ramo es haber tenido una ejecutoria artística oscura o mediocre, oportunamente reconducida al terreno del medro burocrático. Y no es que a uno le importe mucho lo que haga o deje de hacer el Ministerio de Cultura. Lo que de verdad me preocupa es la sospecha de si todas las demás vacantes ministeriales se cubren del mismo modo.

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En mi juventud, esta especie de febrícula vespertina y primaveral, no del todo desagradable, pero sí un tanto pesada de soportar durante las semanas que suele durarme, se me curaba con media docena de dolorosísimas inyecciones de penicilina... Luego descubrí que se curaba igual sin recurrir a tan drástico remedio: bastaba esperar a que pasara. Y este año, en el que el consabido arrechucho me coincide con un periodo vacacional centrado en la lectura de Proust, casi no merece ya el crédito del que gozó antaño: me parece, más bien, una simple adaptación del ánimo a la condición enfermiza del protagonista de En busca del tiempo perdido.

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En la plaza atestada, a la espera de que salga la procesión, esta norteamericana morena, católica (se santigua al paso de las imágenes), de cuarenta y tantos años muy bien llevados, alecciona al hijo adolescente para que disfrute de la escena: "Es algo que no has visto nunca", le dice; y le glosa los significados de la poderosa simbología que se despliega ante los ojos voluntariamente ciegos del aburrido chiquillo. No así los míos: sin querer, se me han ido al escote de la madre, del que asoman los filos de encaje de un historiado sujetador color malva. El color de la pasión.

6 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Pues es una pasión bien legítima. Queda por dilucidar si la provocó el color, la prenda o lo que ésta escondía... ¿Quizá una mezcla de todo ello?

Octavio dijo...

Y es que lo cortés, amigo José Manuel, no quita lo caliente. A mí -obvio es decirlo- me pasa muy frecuentemente.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Todos los libros son de viajes, le decía el otro día a un amigo. Todas los ojos son promiscuos. La belleza será convulsa, o no será, escribió el poeta Breton. Hoy, al término de esta (para mí) enfebrecida semana santa, me quedo con tu viaje ocular al sacrosanto escote. Eso vale.

Mery dijo...

De los nuevos designios ministeriales, mas vale no hablar, que en estos meses veremos la ligereza de todos ellos. Esto sí que es pasión, con procesión incluída.

Creo que tu americana morena entiende mas de la Semana Santa que nosotros mismos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

DE nuevo, se agradecen las muestras de complicidad. Octavio: te ha salido un pareado. Lo de "enfebrecida", amigo Emilio, espero que no sea en sentido literal, como el que yo indicaba en mi segundo apunte.

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

Estaremos en la presentación. Un saludo.