miércoles, abril 08, 2009

MERCURIO

La Unión Europea ha decretado la prohibición de los termómetros de mercurio. Y uno, que acata a pies juntillas el argumentario ecológico-sanitario vigente, se echa a las espaldas, como tantas otras cosas, las múltiples ocasiones en que, al romperse el tubito de cristal, tocábamos con los dedos las mágicas gotitas y experimentábamos el vértigo de verlas juntarse y separarse en inasibles orbes escurridizos, que terminábamos barriendo y tirando al desagüe... Esas gotitas, lo sabe uno ahora, habrán contaminado millones de litros de agua, o podrían habernos causado graves intoxicaciones. Como también podrían haberlo hecho, ahora lo sé, los vapores del plomo que fundíamos en un cazo para fabricar plomadas de pescar. Y, sin embargo, esa infancia tóxica a la que hemos sobrevivido, y en la que jugábamos con juguetes sin homologar, comíamos caramelos fabricados en un barreño y manipulábamos inadvertidamente las materias más peligrosas, nos sigue pareciendo, por comparación, más íntegra y sana que la muy controlada existencia que llevamos ahora. Aunque tampoco hay que idealizar el pasado. Bienvenida sea la supresión de todos esos riesgos innecesarios, aunque sea a costa de esta mala conciencia sobrevenida que ahora empieza a aflorar.

Pero lo que me causa verdadera desazón es que todas estas supresiones lleguen por decreto. Conocíamos los peligros del mercurio, y los termómetros digitales se vienen comercializando desde hace lustros. En mucho menos tiempo hemos sustituido los casettes y los discos de vinilo por los cedés, nos hemos acostumbrado a la telefonía móvil y hemos convertido los ordenadores, llegados a nuestras vidas hace apenas un cuarto de siglo, en herramientas insustituibles. Y todos esos cambios se han debido al simple hecho de que, en un momento dado, millones de personas llegaron a la conclusión de que esas tecnologías eran más útiles, prácticas y rentables que, pongo por caso, los discos de microsurco, las cabinas telefónicas o las máquinas de escribir.

En buena ley, con los termómetros de mercurio tendría que haber pasado lo mismo. Pero en esto, al igual que en las hoy desacreditadas finanzas, también han fallado los mecanismos del mercado. Los termómetros de siempre eran más baratos y parecían más fiables que los digitales, por eso la gente los seguía comprando. Ahora sus rivales alcanzan, por intervención gubernativa, la victoria que el público les había negado. Tal vez sus fabricantes contaban con ello. Y a los demás nos queda la duda de si todas las decisiones que han de tomarse para salvar el planeta (y, de paso, a nosotros) serán de este tenor. Si no nos tratarán a partir de ahora como a niños a los que quitan de las manos un juguete peligroso. Como hacía mi madre, en fin, cuando me veía jugar con esas infaustas bolitas de plata líquida, al romperse el termómetro.

Publicado ayer en Diario de Cádiz

5 comentarios:

arati dijo...

Hola José Manuel, bonito artículo.

Me ha hecho gracia el tema.

Mi jefe (que es un ser que a mí me resulta de lo más exótico: ingeniero de minas) hace meses que estaba al corriente del advenimiento de esta ley, y dió el aviso en una charla de café.

Seguro que tiene razón: los termómetros digitales dependen del factor humano en su fabricación y de la caducidad de sus componentes, son aparatos que fallan y se estropean.

El cristal es inmutable e inerte y el coeficiente de dilatación del mercurio sigue igual de invariable desde la noche de los tiempos.

No sé si por nostalgia o por hacer caso a sus consejos, pero me compré un nuevo termómetro de mercurio. Ahora tengo dos.

Será por afán de poseer algo fiable, una pequeña certeza entre las manos.

Si para saber si mis hijos tienen fiebre... me basta con ponerles los labios en la frente.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

CVuando escuché la noticia me vino la misma imagen de mi infancia, jugando con las bolitas de mercurio. Por otra parte, podríamos matizar que nos cambiamos a los CD de música también por imperativo, no legal, sino de las productoras musicales, que no nos dejaron otro remiedio.

Gonzalo Durán dijo...

Aunque rara vez hago llegar mis comentarios a este blog, se ha convertido, casi sin darme cuenta, en uno de mis placeres cotidianos. Tampoco suelo pedir a nadie que entre en el mío, pero en este caso lo haré y te pediré que lo hagas como única forma de hacerte llegar un modesto regalo para tí.

goloviarte dijo...

aquiestatublog cumple año y medio,por eso te doy las gracias por participar con tu blog en mi modesta aventura,
ademas ahora se pueden comprar mis cuadros en http://goloviarte.blogspot.com
espero que no te moleste esta información,gracias

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Como habréis podido deducir, he estado unos días de vacaciones y he tenido un poquito desatendida la tienda. Y es un placer, a la vuelta, ver que han seguido llegando visitas y comentarios.

Gracias, Arati y Juan Antonio, por compartir estas querencias sentimentales de uno, que a veces se disparan con una simple información periodística. La última frase del comentario de Arati es tan verdadera como hermosa. Y es cierto que, si no hubiera sido por el imperativo comercial, uno hubiera mantenido su fidelidad a los viejos y cálidos vinilos (de hecho, cuido como oro en paño los que tengo, y los sigo escuchando).

Y, Gonzalo, muchas gracias por el regalo, que me honra, viniendo de quien viene.

Un abrazo a todos.