lunes, abril 20, 2009

SEVILLA-IRLANDA

Lluvia insistente y tenue, que disuade de abrir el paraguas pero que, al mismo tiempo, va empapando a conciencia las cabezas descubiertas y la ropa ligera, hasta infundir en los transeúntes esa sensación de calofrío resultante del contraste de temperatura entre la epidermis estremecida y el cuerpo templado. No esperábamos encontrar este tiempo en Sevilla en esta época del año. Y, como quiera que la ocasión familiar que aquí nos trae se celebró el año pasado en Irlanda, y allí hizo, según cuentan quienes estuvieron, un tiempo inusualmente soleado, bromeamos sobre lo que parece una inversión de términos: esta Sevilla insólitamente irlandesa (como la querrían, ay, los muchos irlandófilos que por aquí andan, y que incluso celebran todos los 16 de junio el Bloomsday en las cervecerías aledañas a la catedral), a cambio de aquella Irlanda inesperadamente mediterránea. Para colmo, entre los presentes se cuenta una irlandesa, a la que, por turnos, intentamos traducir las conversaciones entremezcladas, los chistes intraducibles (pero que, trasladados a nuestro inglés enfático, resultan a veces incluso más cómicos que los originales), los menús... La chica tiene esa mirada franca y descarada que el cine se ha empeñado en atribuir a las de su tierra: la de la Mary Kate (Maureen O'Hara) de El hombre tranquilo; o, mejor aún, la de esa otra Maureen (Evin Crowley), la bella arpía rústica que casi logra el linchamiento de Sarah Miles en La hija de Ryan... La sensación de extrañeza, para colmo, se acentúa cuando entramos en un bar cercano al hotel, donde todos piden cerveza; menos yo, que, como ando con la garganta delicada y evito las bebidas frías, pido un oloroso... "¿Qué es eso?", dice la camarera, una bellísima sevillana que tampoco parece andar corta de desparpajo. "Voy a preguntarle a mi compañero", concluye; y, a los pocos minutos, aparece con una botella ya empezada de Alfonso, de la que me sirve una copa. "¿Es que nadie pide esto por aquí?", le pregunto. "Desde que estoy yo, es la primera vez", dice la muchacha. Y el soltero del grupo, aprovechando que hemos roto el hielo, le espeta: "¿Cómo te llamas? Es por si te tenemos que llamar otra vez". "Me llamo C.", le contesta ella, con un unos reflejos dignos de un portavoz parlamentario, "pero mejor no te esfuerces, porque me voy dentro de diez minutos". Y me da la impresión de que, por primera vez, en al ánimo del aludido se han igualado las dos temperaturas, la de dentro y la de fuera.

5 comentarios:

Javier dijo...

José Manuel, yo con las clases de inglés que tu me distes en el Caleta, me ligué a un par americanas. ¡Qué años aquellos!....

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Hombre, pues me alegro de que aquellas clases tuvieran tan buen resultado. Ya te ha servido el inglés más que a mí: yo nunca he ligado en ese idioma.

entrenomadas dijo...

El mes de marzo lo pasé en Sevilla, venía de Irlanda. Bien, pues en Dublín disfruté de sol y al llegar a Sevilla casi me convierto en rana. Llovió de forma insistente los tres días que estuve allí.

Me gusta mucho "El hombre tranquilo" y su Innisfree.

Suerte con tu novela, tiene una pinta estupenda.

Un saludo,

Marta

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Veo que esa Sevilla irlandesa que he creído entrever este fin de semana tiene bastantes visos de realidad.
Saludos.

Bill 'The Butcher' Cutting dijo...

Que curioso, yo veo sevillanos-irlandeses