viernes, abril 03, 2009

A SU PESAR

No he leído mucho de John LeCarré: lo único suyo que tengo es un ejemplar de Smiley's People, con el sello de la biblioteca de la base norteamericana de Rota, que encontré hace años en un mercadillo: un producto, seguramente, de los expurgos periódicos de esa biblioteca. Lo leí con esfuerzo, cuando aún no andaba muy suelto en el inglés; y lo que me impresionó del libro fue la envolvente melancolía que destilaba, bastante impropia de una novela conceptuada como "de género", en la que las sutilezas sentimentales suelen sacrificarse al ritmo y a la acción.

No he frecuentado mucho esa clase de literatura; pero, en la que he leído (Conan Doyle, Raymond Chandler) normalmente he echado en falta la dimensión añadida que aporta la mera densidad del texto, ese espacio en el que se manifiesta la inteligencia que gobierna el discurso y la temperatura sentimental de los hechos. Incluso Chandler, tan reputado literariamente, resulta algo plano en ese sentido. No así LeCarré, al menos en esa novela de cuya lectura guardo tan grato recuerdo. Curiosamente, esa melancolía a la que me refería se veía incrementada por el clima de puro desatino político en el que vivían algunos de sus personajes. Que algunos de ellos soñaran, en aquella época, con la independencia de los países bálticos resultaba absolutamente quimérico por aquel entonces. Y llama mucho la atención que la Historia, finalmente, les haya dado la razón.


Recuerdo esas impresiones de lectura mientras veo
La casa Rusia, que recrea eficazmente en imágenes ese fatalismo melancólico que le encontraba yo a los personajes de Smiley's People. Sólo que, en este caso, el ingrediente quimérico resulta menos sorprendente, porque, si no me engaña la cronología, esta otra novela está escrita a toro pasado, cuando ya nadie dudaba de cuál iba a ser el desenlace de la glasnost o política de transparencia preconizada por Gorbachov: el desenmascaramiento de un gigante con pies de barro.

Quizá esa melancolía de LeCarré, después de todo, no fuera sino la de quien ve con claridad lo que nadie quería ver. La melancolía de quien tiene razón, a su pesar.

5 comentarios:

Mery dijo...

La Historia suele poner los acontecimientos y a sus protagonistas en su justo lugar.

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

En algunos relatos, Conan Doyle roza esa aspiración literaria a la que te refieres, en ocasiones...Salud.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Cierto, Mery, y da la razón a quienes supieron verlo. Y, Tomás, tienes razón en lo de Conan Doyle, y has elegido muy bien la palabra: "roza", sí, pero uno lamenta que no llegue del todo. Por ejemplo, en El perro de los Baskervilles: el espléndido paisaje, la ambientación, los personajes, etc... se quedan en mero decorado, como si el autor no reconociera del todo la pertinencia que tienen en los hechos que está narrando. En eso Conan Doyle es un auténtico escritor de género, espléndido, sí, pero sin otras aspiraciones.

Fernando Valls dijo...

Felicidades, José Manuel, por el nuevo libro, que me acaba de mandar tu editor. Y muchas gracias.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

De nada. Y que lo disfrutes.