jueves, abril 23, 2009

SUSTANCIAS PELIGROSAS

"¿Es usted el vecino de abajo¿ ¿El que tiene la casa llena de libros?". Y, por un momento, me temo que me va a amenazar con ponerme una denuncia. Por riesgo de incendio, o por almacenar sustancias peligrosas, o Dios sabe por qué.

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Entre todas estas caras de amigos (de buenos y fieles amigos, que entienden que han de arroparme), busco un vano el rostro de un extraño. Tal vez porque lo único que en verdad justificaría todo este esfuerzo por hablar de lo de uno en público sería que, al reclamo, acudiera ese lector desconocido que uno sueña con ganarse. Y que, una vez más, no viene.

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Y, sin embargo, esta sensación tan parecida a la embriaguez, resultado de haber roto, por unos instantes, esa esfera de ensimismamiento en que consiste la mayor parte del tiempo el trabajo literario. Cuesta recuperar los parámetros normales. Y no vuelve uno a ser quien es hasta que, al día siguiente, el aire frío de la mañana en la parada del autobús te devuelve a la realidad.

6 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Bueno, alguno hay, más de los que dices... La semana pasada me regalaron por mi cumpleaños unas vacaciones de invierno. Las disfrutaré la semana que viene, que aunque es primavera de Feria en Sevilla me marcho a Alájar, a un clima más fresco. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Que lo disfrutes, José Miguel. Y mi agradecimiento a ese obsequiante al que no conozco, y que ha tenido esta bendita ocurrencia.

Tomás Rodríguez Reyes dijo...

Estupenda la ocurrencia de la primera secuencia. Un saludo.

RM dijo...

Qué curioso. El miércoles por la mañana hice exactamente la misma reflexión de ese último párrafo: acabadas las veleidades literarias, qué duramente prosaica es la vuelta a la realidad.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lo es, RM, lo es. (Tal vez el madrugón tenga algo que ver con ello.)

Sergio dijo...

Suscribo el comentario de Tomás... muy bueno.

Saludos.