sábado, abril 18, 2009

TOMLINSON

De las muchas noticias trágicas que nos llegan, no sabe uno cuáles impresionan más: si las que tratan de desgracias lejanas, que asustan por lo que tienen de ajeno e incomprensible; o, por el contrario, las que se insertan en una cotidianidad que, de puro parecida a la nuestra, sugiere que la desgracia en cuestión bien podría habernos sucedido a nosotros, y que sólo el azar que rige estas cosas ha hecho recaer el trágico designio sobre otro... A esta segunda clase pertenece la muerte del quiosquero londinense Ian Tomlinson. Los hechos son bien conocidos: primero se dijo que falleció “por causas naturales” en medio de la turbamulta que se produjo en Londres con motivo de las protestas contra la reunión del G-20 celebrada en esa ciudad; y luego, un vídeo tomado por un testigo presencial ha demostrado que, antes de que se produjera esa muerte “natural”, el hombre había sido increpado, zarandeado y golpeado por los policías que trataban de contener a los manifestantes, lo que seguramente le provocó el infarto que acabó con su vida.

Se da la circunstancia de que el tal Tomlinson no participaba en la manifestación, y ni siquiera sabemos si le interesaba lo que allí se dirimía: simplemente, intentaba llegar a su casa, una vez terminada su jornada laboral. A otros, en idénticas circunstancias, los ha atropellado un coche, o les ha caído encima una cornisa: allí donde está el hombre, la muerte va con él. Pero, en este caso, lo que atropelló al pobre Tomlinson, o lo que le cayó encima, fue nada menos que una de esas grandes agitaciones en que se traducen, dicen, los grandes aconteceres históricos. Todos, si atendemos a la imaginería que se ha impuesto en los últimos cien años, consisten, más o menos, en que una masa ocupa las calles y, al albur de lo que esa masa grita, caen gobiernos, se declaran guerras o se inicia una revolución. De esa manera se hizo el siglo XX; y, por lo que parece, de esa manera habrán de dirimirse las cuestiones candentes del XXI.

Y se acuerda uno de lo que le ocurría al vagabundo que encarnaba Charles Chaplin en Tiempos modernos, aquella película sobre las grandes convulsiones sociales del siglo pasado: iba el hombre por la calle, caía en sus manos un trapo rojo e, inmediatamente, las masas descontentas que andaban por allí y la policía encargada de reprimirlas lo toman por un líder que hace ondear la enseña revolucionaria, por lo que los primeros lo ponen al frente de su protesta y los otros intentan apresarlo... Algo así le ha sucedido a Tomlinson: no agitaba ningún trapo rojo, pero, quizá por la audacia que da la indiferencia, pudo parecer a la policía un avezado activista… Murió de indignación. Y en esa indignación, tan distinta de la retórica ofendida de los protestatarios profesionales, se resume la suerte del ciudadano común en los últimos cien años.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

8 comentarios:

Anónimo dijo...

De acuerdo en todo, o en casi todo. Al final parece que le ha matado la masa, el movimiento anti-globalización o el transcurso de la Historia. Es como si yo voy a las fiestas de San Mateo, me mata un borracho y resulta que me ha matado San Mateo o el concejal de Festejos.
No: a ese hombre, probablemente, lo ha matado la policía. Ya se verá. No es lo mismo que te veas en medio de una manifestación y mueras a que te veas en medio de una manifestación, te golpeen y mueras.
Un abrazo:
JLP

Mery dijo...

Murió de indignación, si señor.

Qué peso en el alma me producen hechos como éste.
Un abrazo

Javier dijo...

Parece como si se culpabilizara a la policía de hacer su trabajo. Si la policía lo zarandeó es porque el también estaba zarandeando. No puedes meterete en esos saraos y pretender que la policía no te toque un pelo, es absurdo...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No sé qué político dijo, justificando los excesos de la policía antidisturbios, que a ésta no podían exigírsele sutilezas porque, si quienes la integran fueran capaces de tenerlas, no serían policías antidisturbios. Con esto no pretendo quitarle la responsabilidad de esta muerte a quien corresponda: que, por lo último que se ha publicado, parece que es la policía. Pero me reafirmo en el hecho, algo preocupante (y que no soy yo quien ha diagnosticado, ni mucho menos) de que, en nuestra condición de meros ciudadanos, a veces ciertas cuestiones colectivas nos arrollan como si nos pasara una locomotora por encima. Y casi me da igual que esa locomotora vaya cargada de razón: más me duele la fragilidad del atropellado.

Anónimo dijo...

Para Javier: Perdona pero el trabajo de la policía no es pegar y matar a la gente y si esa es tu idea de la policía en un estado democrático, puedo recomendarte ambientes más saludables.
Y en cuanto a esa idea de "si le cayó es que algo hizo" es la misma que ha servido universalmente para condenar a las víctimas de todas las injusticias. ETA mataba a uno: algo haría. La policía mataba a uno: algo haría. Etc.
Para José Manuel: Lo de menos es si la locomotora llevaba razón o era una manifestación de nazis o cualquier otra cosa que no nos guste. El tema aquí es que no le ha matado la masa, no le han linchado, no ha sido víctima de un tumulto que le ha atropellado a la puerta de los grandes almacenes en época de rebajas: parece ser que es bastante posible que lo haya matado la policía. E insisto: esa no es la labor de la policía. No les pagamos para dar mamporros.
Y sí: aunque sea policía anti-disturbios, están obligados al discernimiento, lo cual no quiere decir pegarles a unos y a otros no, sino no extralimitarse nunca. Pero de tu comentario se desprende (cubriéndote las espaldas) que comprendes, hasta cierto punto, la falta de sutileza de la policía. Yo no.
(No tengo nada en contra de la policía, en circunstancias normales).
Saludos cordiales:
JLP

Anónimo dijo...

Y perdón por abusar. Que la masa y las cuestiones colectivas nos arrollan a menudo a los ciudadanos individuales (en lo que estoy de acuerdo) es un tema completamente distinto a lo que ha ocurrido en este asunto. Si sentimos la muerte del sr. Tomlinson, no echemos balones fuera ni vayamos a diluir la culpa de quienes lo han matado en una supueta responsabilidad social o colectiva.
JLP

Javier dijo...

José Manuel y "anónimo"

Obviamente la policía no tiene que pegar a nadie, soy el primero en contra de los abusos policiales.

Solo dije que en una manifestación tan enorme como la que había la policía contenía a las masas (y ese era su trabajo), zarandeos, empujones, golpes... en un ambiente ¿así quien no se lleva algún golpe o zarandeo por parte de la policía?

Lo que es enormemente trágico es que una persona muriera.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Creo que ni en el artículo ni en lo añadido aquí he restado un ápice de responsabilidad a la policía. Quienes leéis mis artículos sabéis que intento encontrar siempre la norma que rige el asunto particular comentado. Y, en este caso, me atengo a lo dicho: a este pobre hombre lo atropelló el acontecer del día; del que, indudablemente, formaba parte, y muy activa, la policía; que, en estos casos, no es menos "masa" que los manifestantes. De esto a exonerar a nadie de sus culpas particulares va un trecho, creo.