viernes, abril 24, 2009

UN ENCUENTRO (DÍA DEL LIBRO)

Pocas veces se encuentra uno en la calle a media mañana con tan buen ánimo. La jornada laboral ha sido buena, el día acompaña y anda todavía uno sumido en una especie de resaca benevolente por los modestos, pero señalados, frutos de amistad y complicidad que ha ido recogiendo en los últimos días. Hasta la faringitis parece andar atenuada; lo que, unido a los dispendios hormonales que proporciona (¡todavía a mis años!) la primavera, me hace sentir en excelente forma...

Y como tanto bien no parece posible, el paseo que doy por el centro del pueblo para despachar algunos recados pendientes me depara un encuentro algo descorazonador. Es este amigo librero, que, aprovechando la efeméride (23 de abril, Día del Libro) ha puesto un tenderete en plena calle. No hace mucho viento, pero hay una brisilla insidiosa, de vuelo bajo, que parece deleitarse en enredar los faldones del paño de la mesa y en hacer aletear la modesta cartelería que anuncia los descuentos de rigor. Nadie mira el puesto, si no es para esquivarlo. Me paro a hablar con el librero. Tenemos entre manos cierto asuntillo para el que haría falta la colaboración municipal. Pero él no lo ve claro. Me cuenta la larga lista de ocasiones en las que lo han dejado plantado, o han aplazado sine die sus proyectos, con una excusa u otra. Y me cuenta cómo, hace unos años, cuando todavía trabajaba para el municipio, el comisario político de turno (el partido que gobierna este pueblo tiene una indisimulada querencia, connatural a su ideología, hacia este modo de hacer política) pedía insistentemente su cabeza cada vez que se permitía expresar una crítica hacia la desoladora situación de la vida cultural local... Para consolarlo le digo: "Pero aquí debe de haber buenos lectores, ¿no?". Y le menciono algunas "tertulias poéticas" locales de las que tengo noticia. "No, ésos no leen poesía, ni compran libros de poesía. Sólo se leen entre ellos". Lo que, bien mirado, es el comportamiento habitual de cualquier círculo literario que se precie.

Lo dejo allí, en medio de la calle, resguardado del sol en la estrecha franja de sombra que todavía queda junto a la pared. Dentro de media hora, supongo, cuando ya no le quede ni siquiera ese precario refugio contra la intemperie, recogerá los trastos y se volverá por donde ha venido.

Para consolarme, cuando llego a casa me sirvo una larga copa de Pedro Jiménez. Para endulzar la pena.

***

Habrá firma de ejemplares de Vacaciones de invierno en la Feria del Libro de Cádiz: sábado 9 de mayo, de 19.30 a 21.30 horas, en la caseta de la librería Manuel de Falla. Y la próxima presentación será el próximo miércoles 29 de abril en la Feria del Libro de Jerez.

2 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

La receta del Pedro Jiménez no parace mala solución contra la endogamia poética. Quien no se consuela... Esta noche me tomaré una, a tu salud.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A la suya, don Juan Antonio.