viernes, abril 17, 2009

VIENTOS

Recurro a ese uso un tanto abusivo del correo electrónico consistente en enviar un mensaje a buena parte de los integrantes de mi lista de direcciones. Y la operación tiene un inesperado efecto: el elevado número de mensajes que me son devueltos, y sus destinatarios declarados "inexistentes" por el servidor, es bastante alto. Lo que me lleva a inquietantes reflexiones sobre lo inestable de mi esfera social, lo efímero de ciertos tratos y, sobre todo, mi incuria a la hora de mantener un mapa de amistades y conocimientos medianamente solvente. O, simplemente, mi pereza a la hora de mantener mi agenda al día.

Claro que peor es cuando abro mi libreta de direcciones y teléfonos y empiezo a tachar.

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Lectura en Los Toruños, un espacio natural protegido de la Bahía de Cádiz en cuyo centro de recepción se celebran ahora unas jornadas literarias. El viento golpea con saña las paredes de lona de la carpa instalada al efecto. Y se me ocurre que, puesto que hemos venido aquí a homenajear a la naturaleza, que ya sabemos cómo las gasta, no podemos quejarnos si ésta, en vez de aplaudirnos, prefiere abuchearnos o silbarnos.

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Viendo un documental sobre la evolución de las especies, en el que se da repaso a los espantosos mundos que han precedido al nuestro, y a las monstruosas criaturas que los habitaban (esos mares poblados casi exclusivamente de alacranes y medusas, esos bosques infestados de criatura aberrantes...), llega uno casi a palpar una prueba irrefutable de la existencia de Dios; de un Dios, eso sí, titubeante e indeciso, autor de todos esos borradores fallidos, anteriores a nuestro -por comparación- tolerable universo, dominado por criaturas de sangre caliente y cubiertas de pelo o plumas.

Un Dios con algo de novelista en ciernes.

Y, no sé por qué, pienso en K.

3 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

¿Seguro que no sabes por qué?
Me gustan las interrogaciones retóricas, especialmente aquellas que tienen respuestas inefables.
Un abrazo.

Profesor Franz dijo...

Según el famoso biólogo inglés JBS Haldane, el principal rasgo que puede inferirse sobre la mente del Creador, a la vista del producto de su creación, es una desmesurada afición a los escarabajos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bueno, también se ha oído eso de que Dios es un gran humorista. Basta que nos miremos al espejo, para comprobarlo.