jueves, abril 02, 2009

VIXEN

Hacía tiempo que no se permitía uno ver una película de Russ Meyer. Y la verdad es que, después de haber vuelto a ver, a mis años, ésta que venía con el periódico del sábado (la indignación de mi quiosquero sigue aumentando), me da por pensar que este cineasta estaba llamado a logros de mayor alcance, o en ámbitos más respetables. De que no se haya dedicado a ellos debemos congratularnos, después de todo, quienes agradecemos que en todas las artes haya un espacio consagrado a la frivolidad gratuita, sin pretextos ni excusas.

Pero decía que lo que me ha llamado la atención de
Vixen (1968), en este último y un tanto melancólico visionado, es cómo trasluce bien a las claras que su director poseía una capacidad para la dramaturgia cinematográfica de la que andan bastante escasos otros cineastas más reputados; y que, sin apearse ni un momento del propósito declarado de la película (la exhibición corporal de la protagonista, en una muy bien graduada serie de escenas escabrosas), Meyer logra darle a la totalidad una trabazón puramente dramática, a fuerza de diálogos y situaciones interesantes por sí mismos. Lo es, por ejemplo, la relación entre el marido complaciente y despreocupado y la esposa compulsivamente infiel (y, sin embargo, enamorada de su marido); lo es, sobre todo, el curioso conflicto racial planteado entre ésta y el amigo negro de su hermano; y lo es, en un terreno más propio de las convenciones del género, la atracción incestuosa de la protagonista hacia éste último... Frente a ese aire de manifiesta inverosimilitud que caracteriza a la mayor parte del cine pornográfico, esta película soft (en ella no se ven jamás los órganos sexuales, ni si muestra el acto sexual de modo explícito) tiene una cierta cualidad documental, que refleja comportamientos y actitudes que empezaban a considerarse normales en los ambientes "liberados" de finales de los sesenta... Luego esos aires han pasado de moda, o se han aburguesado y ritualizado en una moral de uso entre higienista y deportiva, que quizá no responda del todo a las verdaderas necesidades afectivas, e incluso puramente sexuales, de los seres humanos... Lo que no significa, entiendo, que tengamos que juzgar las fantasías de entonces por las desoladas constataciones de hoy.

Prueba de ello es que esta película puede verse aún con inmenso agrado; sin esa ansiedad un tanto agotadora que provoca la verdadera pornografía; con el alma limpia, diríamos, si no temiéramos que esta expresión, en semejante contexto, pudiera resultar chocante.

***

Se me olvidaba anotar ayer que Vacaciones de invierno se presentará en Cádiz el 21 de abril, a las 20.00 horas, en los locales de la Asociación de la Prensa; y en Jerez, dentro de la Feria del Libro, el 29 del mismo mes, a la misma hora.

5 comentarios:

arati dijo...

El imperio de los sentidos, ahora Vixen... no me extraña que tu quiosquero te mire con otros ojos.

Qué peculiar revival de sensaciones te estás dando a costa de los videos del periódico, ¿no?.

Esas películas supusieron un impacto y un descubrimiento en nuestras jóvenes sensibilidades, en nuestras vidas, las de los que ahora estamos camino o alrededor de los 50.

Para completar mi trilogía particular de impactos erótico-cinematográficos de esa época sólo te falta "la mujer pública" de Andrzej Zulawski.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Apunto la fecha de la presentación en Cádiz. Procuraré ir.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Antonio. Y Arati: sí, evidentemente se trata de una retrospectiva sentimental. Y qué crudo me suena eso de ir camino de los 50...

Manupé dijo...

¿Entrada libre en Cádiz? Lo digo porque no es la primera vez que es sólo para socios e invitados.

Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Entrada libre, por supuesto.