jueves, mayo 07, 2009

ASTENIA

De vez en cuando, los defensores de lo breve (del cuento, del poema, del apunte diarístico, etc.), entre los que teóricamente debería contarme, aducen la idoneidad de estos géneros para el apresurado lector de hoy. Pero, por una vez, déjeseme intentar el argumento contrario. En mi caso, cuando me entrego durante demasiado tiempo a lecturas de esta índole (normalmente, en periodos como éste, en el que, a la espera de una inminente lectura larga, doy cuenta de los libros más breves acumulados en las últimas semanas o incluso meses), acaba asaltándome una muy incómoda sensación de dispersión, de falta de objetivo, de algo así como la ausencia de una música de fondo a la que acordar mis pensamientos; una sensación, en fin, muy parecida a la que se siente en ciertas situaciones de apresuramiento y estrés, cuando uno constata que lo que normalmente hace bien, con aprovechamiento y placer, lo efectúa ahora de un modo apresurado y negligente, y con resultados poco o nada satisfactorios.

Naturalmente, no estoy diciendo que la poesía, los diarios o el cuento no sean capaces de aportar esa música sostenida: he disfrutado de temporadas muy agradables acompasadas al ritmo de los cuentos de Cheever, por ejemplo; o con algunos diarios y libros de memorias (los de González-Ruano, pongo por caso); o con corpus poéticos felizmente casi inabarcables, como el de Wordsworth, en el que he pasado perdido veranos enteros. También en estas últimas semanas he gozado de no pocos hallazgos valiosos, de los que he ido dejando cuenta en este cuaderno. Quizá lo que echo en falta, más que el efecto de determinado género, sea un material lo suficientemente aquilatado y complejo, por un lado; y, por otro, una cierta deliberación por mi parte. Porque la lectura, que sucede siempre en los adentros, sólo remunera cuando hay un cierto equilibrio previo entre las expectativas y lo que el material ofrece... No cabe exponerse sin más a lo que caiga. No sé explicarlo mejor.


(¿Afectará también la astenia primaveral a mi capacidad de disfrute como lector?)

5 comentarios:

Sergio dijo...

Me parece acertada esa sensación que describes y su reflexión. Y el apunte final creo que no carece de importancia: Álvaro Valverde hablaba en un apunte de su blog de que, por ejemplo, en verano no podía con ciertas lecturas demasiado complejas o densas.

Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

En mi caso, creo que es al revés: en verano me atrevo con lo que, en otras épocas del año, sospecho que puede resentirse de una lectura demasiado fragmentada. Pero estamos de acuerdo en lo esencial: la lectura no es una ciencia exacta, y depende de factores emocionales absolutamente subjetivos. (Otra cosa es que, con los años y la práctica, tengamos un criterio lo suficientemente asentado como para contrarrestar el efecto de esos vaivenes del espíritu.)

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Lo breve, en literatura, lo fragmentado, lo que no aturde por su grosor ni por el tiempo que nos exige, está argumentablemente de moda. Leer breviarios (microcuentos, diarios, sueltos de prosa) lo comparo yo con la música pop, excelente cuando es excelente, que te prepara para afrontar, qué sé yo, jazz o clásica. En verano suelo leer tochos y, en época escolar, cuando el trabajo no me da demasiado tiempo, leo cosas menores, pero es el tiempo, José Manuel, el que gobierna esta reflexión sobre libros gordos o libros "finos". Me he pasado ratos formidables con Canetti en versión "terca" (Masa y poder) y en versión "ligera" (las historias de animalitos)... En todo caso, los vaivenes del espíritu que nombras son los que gobiernan las lecturas. Al menos, las mías. Son, en todo caso, caóticas. Acabo de terminar El mapa del tiempo, un TOCHO de Félix J. Palma, que me ha dejado bien en parte, mal en parte, y he entrado pletórico en los cuentos de Poe. Otra vez Poe.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Otra vez Poe. Y por muchos años.

Javier dijo...

Yo siempre dejo que el libro me encuentre a mí. Cuando siento la necesidad de leer, me paseo entre libros bien por librerías o bibliotecas y espero a que el libro me "llame", siempre lo hace, nunca falla.

No hace mucho me llamó uno de POE, "Las Aventuras de Arthur Gordon Pym". Lo leí en una noche.