jueves, mayo 21, 2009

INTIMIDADES

A las pocas semanas de estrenarme en este destino laboral, hace ya diecinueve años, me casé. No di demasiadas explicaciones del asunto; entre otras cosas, porque tampoco tenía demasiada confianza todavía ni con mis compañeros ni con mis alumnos. Y al poco comprobé, no sin asombro, que el rumor de mi inminente boda había dado lugar a toda una serie de especulaciones más o menos fantásticas, que me divirtieron no poco. Y algo de eso hay en los rumores que empiezan a llegarme ahora, cuando parece que ya ha trascendido la especie de que lo mismo este año cambio de destino... No es que uno quiera dárselas de misterioso. La reserva, en este caso, obedece a que no quiero hacerme a la idea hasta que la eventualidad no se confirme. Pero se ve que no hay vida estanca a los demás, ni decisión personal que no pueda ser reinterpretada según las fantasías de cada cual. Lo que no debería extrañarme, después de todo, cuando yo soy el primero que llevo un diario íntimo a la vista de todos.

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Leyendo esta biografía de Lowry que firma Gordon Bowker, sí encuentra uno motivos para lamentar la excesiva transparencia de ciertas vidas. Ya sabíamos que era un borracho. Lo que no sabíamos (yo, al menos) es que le obsesionaba la pequeñez de su pene y padecía estreñimiento crónico. Y, la verdad, no sé de qué puede servirme disponer ahora de esos datos.

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K. ha descubierto una nueva diversión. Cuando me siento en cierto sillón que da la espalda a la entrada de la sala, ella me acecha desde la puerta, se acerca sigilosamente a mi asiento, por detrás, y empieza a afilarse las uñas inmisericordemente contra la tapicería de cuero, a sabiendas de que yo inmediatamente alargaré el brazo para impedirle el destrozo: cuando lo hago, se lanza contra mi extremidad como si se dispusiera a derribar una presa de su tamaño, y allí la aguanto, enzarzada en una pelea con mi brazo, sin clavar las uñas ni apretar los dientes, pero exhibiendo todas las poses y actitudes de quien está convencida de su superioridad. Pero peor es lo mío: esta felicidad de saberme, durante unos minutos, un rival digno de ella.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es curioso pero los anglosajones están siempre, en general muy obsesionados con el tamaño de su pene y con su identidad sexual.
Quiero decir mas que la mayoria. Si.