jueves, mayo 14, 2009

NAÚFRAGO

Parados, este compañero mío y yo, en una de esas esquinas desoladas en las que, según se ponga uno, hace calor o frío, o calor y frío a la vez. Uno de esos puntos que hay en todas las ciudades y que parecen estar ahí para que sintamos un desamparo anterior a la existencia de la ciudad, cuando los elementos se disputaban lo que, en este caso, debía de ser poco más que un peñasco batido por las olas... Y esa especie de desamparo ancestral se suma al que ya traemos con nosotros. Y volvemos del extraño cometido que nos ha llevado a salir a media mañana del centro de trabajo cabizbajos, derrotados. Como si nuestra relación, en fin, con este peñasco que nos sustenta fuera la del náufrago con el islote que lo salva.

***

Le preguntan a este chico feo y bajito, con cierta crueldad, qué es lo que lo hace tan distinto de su despampanante hermana mayor. "Es que ella lleva tacones".

***

En ciertas películas biempensantes (pienso en El club de los poetas muertos, de la que anoche volví a ver un trozo, entre bostezos), uno se pone inevitablemente de parte de los malos.

No hay comentarios: