miércoles, mayo 20, 2009

PÁJAROS

No es verdad que todo el mundo con la edad se vuelva cauteloso y amigo de componendas. La gacetilla que J.B. acaba de publicar en El Cultural, denunciando la absoluta falta de rigor del premio Loewe de poesía, del que él ha sido preseleccionador este año, certifica todo lo contrario: que, a sus cuarenta y tantos, sigue tirándose de cabeza a la piscina con el mismo entusiasmo con que lo hacía a los veintipocos, cuando codirigía un cáustico y brillante suplemento literario en su ciudad natal. A una piscina, en fin, en la que nunca se sabe si habrá bastante agua, ni qué clase de bichos nadan en el fondo. Lo que es muy de admirar en alguien que, por vivir exclusivamente de la literatura y sus oficios aledaños, puede ver sus ingresos muy mermados si alguien decide pasarle la cuenta por estos arranques. Bravo, Juan.

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No, no es del todo cierto lo que dije ayer. Los gustos de uno no son resultado del azar, sino más bien de una voluntad que cuenta con el azar como su mejor guía. Ese azar que me llevó, por ejemplo, a abrir la Poesía completa de Borges, a mis dieciséis años, justo por ese poemilla llamado "Carnicería", que me daba la medida exacta de lo que más podía atraerme de ese vasto continente de lecturas al que entonces empezaba a asomarme: precisión descriptiva y una cierta intensidad visionaria, aparejada a la viveza de los rasgos que el poeta destacaba de la realidad. Los mismos ingredientes, en fin, que me llevaron a perseverar en The Waste Land de Eliot con mi precario inglés de entonces, llevado sólo por la sospecha de que en ese magma parciamente incomprensible había vetas de una verdad a la que deseaba acceder a cualquier precio.

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Sin esas intensidades de ayer, tal vez hoy no sabría apreciar el valor de ciertas aparentes obviedades descriptivas que, en medio de un estilo casi invisible, como el que caracteriza Antonio B., el Ruso, ciudadano de tercera, la novela de Ramiro Pinilla, resultan tan certeras como las mejores greguerías: "A través de la tela metálica del locutorio, los abogados siempre me parecen pájaros".

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