miércoles, mayo 27, 2009

QUIZÁ

Quizá hemos sobrevalorado demasiado la maldad en determinados personajes, y casi nos apena llegar a veredictos como éste, que encuentro hacia el final de la biografía de Lowry que he leído estos días: "A pesar de sus múltiples pecados y actos delictivos, Lowry no fue un mal hombre (...), sino antes bien un hombre bueno con deficiencias fatales" (en Gordon Bowker: Perseguido por los demonios. Vida de Malcolm Lowry).

3 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Se escora uno al mal por imperativos genéticos casi. Hay una propensión al mal que está unida de forma casi inevitable a lo más acendradamente humano. Lowry, uno más: pienso en Mae West, que era una golfa con ocurrencias lingüísticas o una ninfómana con ínfulas literarias, al decir que cuando era buena era muy buena y que cuando era mal era mejor. Pienso también en el Pascual Duarte y cómo razonaba que no le faltaban argumentos para ser malo. Puestos a mirar en derredor, se pone muy cuesta arriba no domesticar la mirada: al final miramos con ira, hacia atrás, hacia adelante, la ira o el enfado como marca de la casa. Siendo felices, todo discurre menos creativamente. Lowry era un infeliz que delinquía para poder escribir. Quien es enteramente feliz, no crea. Se deja llevar: lo crucifica el viento. Hombres buenos con deficiencias fatales: qué bien escrito. La fatalidad mueve el sol y también las estrellas y no como quería el poeta Dante. El azar, en todo caso, justifica los excesos, las salidas del guión, lo punible. Somos todos buenos en el fondo de nuestras precarias y sencillísimas almas. Al alma la enfanga la cultura o la incultura, la enturbia vivir, sin más. No tiro al pesimismo, querido amigo, por tener un mal día. Justo bien al contrario hoy al menos. Al alma delictiva, ay, la jalea el público. El público pasa de comportamientos limpios. No hay riesgo ni emoción ni aventura en el bien. Estoy leyendo un formidable libro de Fernando Savater que habla justamente de todo esto: de cómo nos sentimos inclinados al riesgo por natural defecto de fábrica. O virtud. Lowry, por cierto, me cansó cuando (hace demasiado) lo leí. Habrá que volver. Ganas me dan. Saludos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

"Al alma la enturbia vivir, sin más". Espléndida reflexión, Emilio. De todas maneras, hay también una cierta dejación intelectual en el razonamiento que induce a propiciar experiencias nefastas para luego poder contarlas. También se puede escribir desde la ecuanimidad, o desde una razonable (in)felicidad, siempre que se le permita a la inteligencia hacer su trabajo. Digo yo.

Alejandro Lérida dijo...

El asunto está -creo yo- en que no somos, precisamente, ni buenos ni malos, sino "buenimalos" y malibuenos", en todo caso. Un saludo. Esta columna de humo es un pilar sin duda.