jueves, mayo 28, 2009

SONABA

Vengo leyendo en el autobús los romances de La niña del caracol, de Agustín de Foxá, en la reciente antología que ha publicado Renacimiento. Ya en el prólogo, advertía Luis Alberto de Cuenca del arbitrario uso de la puntuación que hace este poeta, y la verdad es que, en algunos pasajes, el texto resulta casi agramatical, y sólo con muy buena intención se consigue sacarle sentido. Sin embargo, la intuición poética es más rápida, y la imaginación visualiza casi de inmediato lo que el intelecto (se me disculpará el uso de esta rancia palabra) tarda más en reinterpretar en términos lógicos. Y pienso en ese otro gran poeta (y prosista) asintáctico, José Antonio Muñoz Rojas, y en una reciente impresión constatada en un concurso literario escolar: el cuento peor escrito de los tres que escuchamos era el que sonaba mejor.

2 comentarios:

Isidro Hernández dijo...

¿No es la oralidad, en poesía, la madre del cordero?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Digamos que es una especie de "conditio sine qua non"; pero la lengua escrita tiene suficientes recursos para sugerir la oralidad, que no todos los escritores dominan.