Vengo leyendo en el autobús los romances de La niña del caracol, de Agustín de Foxá, en la reciente antología que ha publicado Renacimiento. Ya en el prólogo, advertía Luis Alberto de Cuenca del arbitrario uso de la puntuación que hace este poeta, y la verdad es que, en algunos pasajes, el texto resulta casi agramatical, y sólo con muy buena intención se consigue sacarle sentido. Sin embargo, la intuición poética es más rápida, y la imaginación visualiza casi de inmediato lo que el intelecto (se me disculpará el uso de esta rancia palabra) tarda más en reinterpretar en términos lógicos. Y pienso en ese otro gran poeta (y prosista) asintáctico, José Antonio Muñoz Rojas, y en una reciente impresión constatada en un concurso literario escolar: el cuento peor escrito de los tres que escuchamos era el que sonaba mejor.
jueves, mayo 28, 2009
SONABA
Vengo leyendo en el autobús los romances de La niña del caracol, de Agustín de Foxá, en la reciente antología que ha publicado Renacimiento. Ya en el prólogo, advertía Luis Alberto de Cuenca del arbitrario uso de la puntuación que hace este poeta, y la verdad es que, en algunos pasajes, el texto resulta casi agramatical, y sólo con muy buena intención se consigue sacarle sentido. Sin embargo, la intuición poética es más rápida, y la imaginación visualiza casi de inmediato lo que el intelecto (se me disculpará el uso de esta rancia palabra) tarda más en reinterpretar en términos lógicos. Y pienso en ese otro gran poeta (y prosista) asintáctico, José Antonio Muñoz Rojas, y en una reciente impresión constatada en un concurso literario escolar: el cuento peor escrito de los tres que escuchamos era el que sonaba mejor.
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2 comentarios:
¿No es la oralidad, en poesía, la madre del cordero?
Digamos que es una especie de "conditio sine qua non"; pero la lengua escrita tiene suficientes recursos para sugerir la oralidad, que no todos los escritores dominan.
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