martes, junio 16, 2009

ALGUNAS POSIBLES BUENAS NOVELAS

Anoto aquí algunas posibles buenas novelas que menciona Jesús Pardo en el rápido repaso que hace de algunos escritores que trató a mediados del siglo pasado, la mayoría de los cuales frecuentaba el café Gijón y militaba en la entonces algo venida a menos bohemia madrileña. Y digo "posibles" porque no he leído ninguna, ni tengo otra referencia de ellas que las que da el propio Jesús Pardo. Ahí va la lista: Perdimos la primavera, de Eugenia Serrano ("narra, brillantemente y de primera mano, la vida bohemia del Madrid de entonces"); Las últimas horas, de José Suárez Carreño ("retrato descarnado, y no malo, aunque pedestremente escrito, de aquel deshonesto y frenético Madrid nocturno"); Diana o la causalidad y El empleado, de Enrique Azcoaga ("de ellos puedo decir que merecen mejor anaquel que la papelera"; Estiércol, de Juan Guerrero Zamora ("merecedora de resurrección"); Calle Echegaray, de Marcial Suárez ("una buena novela"), y No sé, de Eusebio García Luengo ("una novela importante")... También se menciona Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta, que sí he leído, porque fue reeditada en los años ochenta y muy celebrada en los círculos literarios (por llamarlos de alguna manera) en los que yo me movía entonces. De las demás, ya digo, no sé nada, y guardo aquí la referencia por si alguna vez me las tropiezo en un baratillo o en una librería de viejo. No es mal destino, después de todo. Creo que, si me dijeran ahora que el de las que yo he escrito, y las que pienso escribir, es merecer dentro de cincuenta años una mención piadosa en las memorias de un lector impenitente, lo firmaría ahora mismo. Hay destinos peores: ser la letra pequeña de los manuales, por ejemplo, lo que garantiza ese tipo de perennidad erudita que no atrae a lectores de ningún tipo. Éstas que he enumerado aquí tienen ya en mí un lector potencial asegurado. Y a lo mejor sería conveniente no elevar demasiado pronto esa potencia al acto, para ahorrarnos posibles decepciones. Cuántas obras literarias se paladean mejor antes de leerlas.

2 comentarios:

Javier de Navascués dijo...

Sólo me suena la de Suárez Carreño. A lo mejor son buenísimas, porque los manuales suelen taparnos tantas cosas... Por ejemplo, Helena o el mar del verano que, yo también, es la única que conozco y que disfruté enormemente.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

A Suárez Carreño se le recuerda sobre todo como poeta, en la letra pequeña de las historias de la literatura. Pero qué satsifacción produce encontrar cosas de valor en esta letra pequeña.