viernes, junio 12, 2009

BAGAJES

Como tocaba "definirse", así lo hemos hecho.

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Última reunión de trabajo con el equipo de la biblioteca escolar de la que aún soy responsable, y de la que dejaré de serlo en unos días. Ambiente de despedida, incluso con algún que otro toque de emotividad. Ha sido hermoso haber creado una biblioteca donde no la había y haberla hecho funcionar, y que los libros llegaran a usuarios que, en su entorno cotidiano, no están demasiado habituados a tratar con ellos. Y ha sido estimulante encontrar a otros convencidos de la pertinencia de este esfuerzo. Con algunos incluso ha llegado a fraguar una amistad, o al menos una abierta confianza, donde antes sólo había un frío trato profesional. Decir adiós a todo esto no es fácil. Pero también pesan en la decisión consideraciones, digamos, de índole enrevesadamente personal, de las que difícilmente puedo dar cuenta en este diario abierto. Lo mismo que, a los cuarenta y tantos, hay quien se enamora de una jovencita, porque de pronto oye una voz que le anima a tirar su vida anterior por la borda, a mí una voz similar me ha animado a poner tierra por medio, después de diecinueve años en el mismo centro de trabajo, antes de que, a la vez que se afianzan esas amistades de las que hablaba antes, y que me esforzaré en mantener, se enquisten otras tantas enemistades que empezaron siendo simples discrepancias y ahora han alcanzado las dimensiones de sendas visiones antagónicas del mundo. Es un conflicto conocido, y yo diría que muy típico del ámbito escolar. Y un conflicto, seguro, que encontraré en otros lugares. Pero, entre desconocidos, tardaré en enterarme del pie del que cojea cada cual, y eso saldré ganando.

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Con este ánimo melancólico, encuentro en el último tomo de las memorias del periodista Jesús Pardo esta certera formulación de la levedad de ciertos bagajes: "más fleco que enjundia". Se refiere irónicamente el autor a sus lecturas. Pero podría aplicarse a otras muchas cosas.

2 comentarios:

Bruno Mesa dijo...

Ojalá esa voz de la que hablas sea como la de Hero reclamando a Leandro, pero que cambie el final, y que no haya tormenta y no se apague la lámpara.

Te leo y te deseo lo mejor.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Bruno. Cambiar es bueno, y sacudirse las rutinas aún más. Un abrazo.