sábado, junio 20, 2009

PARAÍSOS PRIVADOS

No siente uno la menor simpatía por Silvio Berlusconi, ni por su manera de entender la política como una simple extensión de los negocios privados, ni por sus apelaciones populistas a los bajos instintos de la masa que lo vota. Me cuesta incluso nombrarlo aquí, porque es norma de este columnista rehuir el nominalismo vacuo al que se pretende reducir la actualidad política por estos pagos, y buscar siempre lo que pueda haber de general en las pequeñeces del día a día… No, no quería yo hacer un artículo sobre S.B. Pero también es cierto que uno debe escuchar su corazoncito, y si éste se muestra indignado por el desafuero que le hacen a un impresentable, habrá que indagar en las razones de esa indignación; y calibrar, sobre todo, si ese desafuero aparentemente merecido no podría convertirse en precedente de otros que ya no requerirían siquiera las excusas biempensantes y justicieras que parecían motivar el primero. O, dicho de otro modo: si nos congratulamos de que la prensa presuntamente seria (en este caso, el diario El País) se permita publicar ciertas fotos más o menos indecentes de la intimidad de ese gobernante italiano, a lo mejor nos quedamos sin argumentos para criticar que esas interferencias se produzcan en la vida de otros ciudadanos, anónimos o no, que puedan convertirse en eventuales víctimas de la malsana curiosidad pública.

¿Que ese anciano se rodea de jovencitas ligeras de ropa y se baña con ellas en una piscina? Lo único que puede preocupar al ciudadano es que ese amago de orgía (o orgía del todo, quién sabe, porque la imaginación de un lector de periódicos da para mucho) se haya pagado con dinero público; y eso se demuestra, no con fotos de chicas con los pechos fuera, sino con auditorías rigurosas e inspecciones contables. ¿Que el mandatario italiano es un viejo rijoso? También lo son, me parece, los muchos que, fingiendo escandalizarse, en el fondo parecen albergar una inconfesada envidia por ese lejano mundo de poder y altas finanzas donde uno chasca el dedo e inmediatamente se ve rodeado de chicas complacientes. Para algunos el paraíso se reduce a eso: un chalé con piscina y mujeres desnudas alrededor, y sería inútil intentar convencerles de que sería mejor disfrutar de los placeres del arte y de la alta cultura, pongo por caso. Para demostrarlo, bastaría sobrevolar algunas urbanizaciones privadas, e incluso algunos espacios públicos, y constatar cómo todo el que puede reproduce en su ámbito esa modesta fantasía, en ese ambiente de tolerancia, o puede que indiferencia hacia el comportamiento ajeno, en el que ha venido a desembocar, en el terreno de las costumbres, nuestra democracia. Habrá a quien le guste y habrá a quien no. Pero no abramos la veda a la exhibición impune de la privacidad ajena, no vaya a ser que la nuestra entre también en el lote.

Publicado el pasado martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Juro no tomar por norma esta costumbre de discrepar. Lo que dices en tu post es aplicable a algunas personas pero no a todas. A la gente sensata (iba a decir la mayoría sensata pero he rectificado a tiempo) nos parece poco todo lo que se haga para poner en evidencia a ese señor. Y las auditorías que reclamas seguramente se verán facilitadas por el escándalo. En Italia llevan años con un déficit de libertad que no puede ser corregido porque muchos de los resortes de esa libertad están en manos del propio gobernante. La obligación de todos los informadores o/y opositores es el acoso por los medios que se puedan emplear, para contrarrestar los poderosísimos medios (políticos, informativos, económicos, clientelares) con que cuenta este señor. Yo también creo que la intimidad de cada uno es sagrada... salvo cuando deja de ser intimidad. Si hay sospechas de gasto de dinero público se convierte inmediatamente en un tema que interesa a todos los italianos (y a todos los europeos, puesto que las actuaciones de SB seguramente me afectan y tocan el bolsillo de todos los ciudadanos de la UE).
A mí me dan igual las piscinas y las jovencitas. Me parecería estupendo si lo hiciera con su dinero. Para eso prefiero envidiar a Brad Pitt. Pero si en eso hay un resquicio para moverle el suelo bajo sus pies a un dictador legal y bendecido por las urnas (pero un dictador), bienvenido sea el escándalo. Además, que me jode la hipocresía y cuando un tipo de derechas defensor de valores tradicionales (lo que implica, si está en el gobierno, que promueve esos valores en forma de leyes) se le pilla traicionando los valores que dice defender, es obligación de los ciudadanos mostrar su inconsecuencia. No se puede estar en misa y repicando. Por lo mismo, soy partidario de sacar del armario sin su consentimiento a los clérigos y políticos homsexuales que promueven leyes contra la igualdad sexual.
Un abrazo:
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Siempre son bienvenidas tus discrepancias, JL,con las que siempre (valga la paradoja) me siento de acuerdo, si no en la letra, en la música. Pero eso de que el fin (denunciar a este personaje) justifica los medios (el amarillismo informativo, en este caso), ¿no te parece que nos retrotrae a un mundo, como mínimo, preconstitucional? Por lo mismo, habría que aplaudir al GAL.

Anónimo dijo...

En este caso la ilegalidad del medio empleado es cuando menos dudosa. El amarillismo puede ser de mal gusto pero no es delito. Y la intromisión en la intimidad tiene fronteras flexibles. A veces se ha justificado en los tribunales por prevalecer el interés informativo.
Un abrazo.
JLP