jueves, julio 16, 2009

ACECHOS

Alivia algo la soledad oír a K. mordisquear su comida en la cocina, o sentir sus pasos por la casa, llevada por alguno de esos propósitos inexplicables que mueven a los de su especie. Los gatos habitan siempre en una selva imaginaria, y continuamente están acechando presas que sólo existen en su fantasía. Igual que uno, o casi.

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Claro que la soledad de hoy, que esperaba consagrar al trabajo, está resultando más caótica e improductiva de lo que podía prever. No siempre está uno a la altura de sus propósitos, y basta cualquier interferencia exterior -en este caso, una llamada telefónica que viene a recordarme una enrevesada cuestión laboral pendiente- para que ese acto de voluntariosa fantasía que consiste en disciplinar la soledad para convertirla en una serie ordenada de actos más o menos dirigidos a un fin -en este caso, revisar unas páginas escritas- se vuelva de pronto absurdo o irrelevante, y sea sustituido por una sucesión indolente de palos de ciego, de actos fallidos, de sustitutos pasivos de la verdadera acción. Intento leer, sin resultado, bicheo ante el ordenador, pongo la tele. Finalmente, consigo engancharme a la lectura de un libro que tiene mucho que ver con los hábitos de la soledad: el muy recomendable El laberinto y el sueño, de Antonio Moreno, una especie de azoriniana novela a retazos, o dietario con argumento, con cuya tonalidad contemplativa y sentimental logro sintonizar. Los libros son también como los gatos: acechan en el vacío lo que parece que son presas que sólo existen en su fantasía; hasta que uno entiende que no acechaban la presa, sino la ocasión; y que el objeto de su acecho, en cualquier caso, era uno mismo.

4 comentarios:

Antonio González dijo...

Aunque no la conozco personalmente, me gusta tu gata K. Y también me da miedo. Me imagino cualquier cosa; por ejemplo, que ahora que estáis solos, se intercambiaran vuestros tamaños corporales.
¡Buen verano!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La verdad, Antonio, es que tanto K. como yo somos de pequeña estatura, cada uno según las proporciones de su especie. Yo temo más una completa identificación moral.
Feliz verano.

Anónimo dijo...

Bueno, he leído tanto sobre K. que ya me da vergüenza no haber hablado nunca en mi propio blog de mi gata Lana, un ser maravilloso que sólo ha venido al mundo a hacer felices a los demás. Lo haré próximamente y, mientras tanto, recuerdos a K., que ya es casi de la familia.
Un abrazo:
JLP

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Será un placer saber de ella, JL. Aunque creo que alguna vez la has mencionado en estos comentarios, y que he visto incluso alguna foto suya. Un abrazo.