viernes, julio 24, 2009

APOLO XI

Quizá lo único que realmente me llama la atención de que celebremos el cuarenta aniversario de la llegada del hombre a la luna es que uno pueda postularse como testigo de cosas que pasaron hace cuarenta años. Llega uno a una edad en la que todo lo vivido se celebra en aniversarios redondos: el de la muerte de Franco, el de la aprobación de la constitución democrática, incluso el de la caída del Muro de Berlín… Celebramos ya aniversarios, ay, cuya cuantía supera en mucho los años que uno calcula que le quedan por vivir. ¿Gozará uno, dentro de cuarenta años, de la condición imprescindible de estar vivo para recordar lo que sucedía en este alicaído verano de 2009? ¿Recordará uno el año en que la humanidad descubrió que la economía financiera no era más que un pasatiempo matemático sin fundamento? ¿Recordaremos las trágicas consecuencias de ese descubrimiento, las empresas cerradas, el desempleo galopante, el desánimo generalizado?

De una cosa sí estoy seguro: quien tenga hoy seis años, como los tenía yo el día en que el “módulo lunar” del Apolo XI tocó la superficie del satélite, no guardará ningún recuerdo de los hechos anteriormente aludidos, como no sea la impresión general de precariedad que se conserva cuando uno oye a sus padres quejarse demasiado de la falta de dinero. A los seis años sólo se hace uno consciente de la historia cuando sucede algo muy espectacular, capaz de impresionar por igual a mayores y pequeños. Seis años tenía mi hija cuando le tocó presenciar el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Fue su bautizo en la Historia, y todavía me pregunto si alguna vez ese recuerdo no determinará su actitud hacia el devenir de la especie; si, cuando le toque formularse una teoría general sobre sus semejantes (dentro de cuarenta años, por ejemplo), no pesará sobre la misma el recuerdo de la larga tarde que pasamos frente al televisor, atentos al implacable cumplimiento de un plan malvado.


Yo tuve más suerte. Mi toma de contacto con la Historia fue el acontecimiento con el que iniciábamos estas líneas. Fue, después de todo, un suceso optimista. Las carreteras se llenaron de hotelitos y ventorros llamados “Apolo XI”; los niños jugábamos con cohetes y astronautas de plástico; la tierra podía agotarse, sí, pero la humanidad emprendería un gozoso periplo de planeta en planeta, como en otro tiempo lo emprendió por islas y continentes inexplorados… El progreso, no hace falta decirlo, ha seguido otros derroteros: hemos sacrificado un futuro galáctico a cambio de disponer de ordenador y teléfono móvil. Pero, igual que el poeta Rafael Alberti se congratulaba de haber nacido con el cine, yo creo que uno puede alegrarse, modestamente, de haber adquirido el uso de razón viendo la llegada de un cohete tripulado a la luna. No se ha bajado uno de allí desde entonces.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

4 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

La llegada del hombre a la luna es de los pocos acontecimientos lejanos que conservan un aura de avance, de reto conseguido y no superado. Creo que es un hito que tardará aún muchos años en superarse holgadamente. Por desgracia, la crisis actual (muy acertada la expresión "pasatiempo matemático sin fundamento") no dejará tanta huella, como bien dices, pero lo peor es que por desgracia tengo la ¿certeza? de que su aniversario no se celebrará en un año terminado en 9, ni en 0...).

ONDA dijo...

Yo tenía cinco y quizá me falte ese punto para tener similar conciencia de ese acontecimiento que recuerdo vagamente.

Lo que yo recuerdo de ese acontecimiento es un llavero que venía como obsequio en unas bermudas que me compró mi querida madre.

Lo que daría yo ahora por recuperar ese llaverito.

Cosas de la vida.-

!Cuán distinto tu bautizo en la historia con el de tu hija!
Lamentablemente me temo que nuestros hijos lo tendrán dificil!.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Uf, que bueno es saber que alguien en alguna parte del mundo siente lo mismo que uno. Yo vivo en Montevideo, Uruguay. Siempre viví en Montevideo, Uruguay y también tenía 6 años cuando el hombre llegó a la Luna ( 6 años y 9 meses ). Y recuerdo perfectamente que tuve el inmenso privilegio de verlo por televisión junto a mis abuelos, que vivían humildemente pero televisor no faltaba. Era alrededor la una de la madrugada y ese evento marcó mucho de mi perspectiva del mundo que habría de venir, es decir, del que uno esperaba que vendría. Es totalmente acertado todo lo que dice este artículo, reconforta mucho que haya sido escrito. Gracias por reproducirlo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por los comentarios, que no he respondido antes por haber estado de viaje. Me alegra saber que compartís las sensaciones que despiertan en uno esta efeméride.