miércoles, julio 22, 2009

LA NOVELA

Oyendo los tristes e inoportunos debates sobre la "responsabilidad penal de los menores" que se suscitan cada vez que un adolescente comete un crimen horrendo, casi echa uno de menos el diáfano concepto de "uso de razón" vigente en mi infancia. Al catecismo se le pueden poner muchas pegas; pero definir, define como nadie.

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La novela que uno termina llevando al papel -a la memoria del ordenador, mejor dicho- nunca es la novela que tiene uno en la cabeza. No sé si esto es bueno o malo: indica, en todo caso, que los personajes y las situaciones se emancipan a la primera ocasión de lo que uno tiene previsto para ellos; que la vida que uno les escribe sobre el papel es tan imprevisible como la que le acontece a cualquiera; y que la conclusión que uno saca de esto es que también la vida de uno está siendo escrita en el momento mismo de vivirla; y que, como la de tus personajes, quien te la escribe tampoco sabe muy bien a dónde quiere ir a parar.

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Cuando Dios quiere mostrarse benévolo con los insomnes, en verano, les manda unas ráfagas de viento sur.

4 comentarios:

Capitán dijo...

Absolutamente de acuerdo en cuanto a la claridad del Catecismo.

Aquilino Duque dijo...

Como Stendhal aprendió estilo en el Código Civil, algunos lo hemos aprendido en el Ripalda y en el Astete.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Y otros en cambio con el infierno de Dante, de Maquiavelo y Montesquieu.

Un saludo.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Pienso en el poema del ajedrez de Borges al leer tu post, inevitablemente. Pienso en los hilos que alguien maneja y en alguien detrás del que maneja los hilos ad infinitum. La trama infinita. Escribir lo que somos. Escribirnos. Leernos. No sé. Suena bien, pero el calorcito de Córdoba me impide ir más adentro. Soy un lector de invierno. Vacaciones de invierno, jaja. Ha salido de casualidad, te lo juro. Abrazos caniculeros.