lunes, julio 06, 2009

LA PALABRA

Primer día propiamente ajustado a los tópicos vacacionales: sol, piscina, comida y bebida copiosas, intimidad despreocupada... Y, al día siguiente, como consecuencia de esa especie de aflojamiento general de las tensiones acumuladas (que eran muchas, ay, y alguna que otra de naturaleza más bien malsana), mucho sueño... En años anteriores he dejado aquí constancia de este fenómeno, que es relativamente nuevo, y del que no me consta que existiera cuatro o cinco años atrás. Puede que sea la edad la que empieza a asimilar el concepto de descanso al hecho fisiológico de dormir. Los años simplifican las cosas. Y puede que sea también la edad la que me lleva a aceptarlo sin complejos: duermo como una marmota, primero hasta bien entrada la mañana, luego en las horas previas al almuerzo, luego después de comer...

***

Por la tarde-noche, Ordet (La palabra) la severa película de Dreyer sobre la fe y la posibilidad del milagro, que M.A. tenía muchas ganas de volver a ver. A esta película le pasa lo que a las buenas películas de intriga: si se sabe el desenlace, el desarrollo parece demasiado previsible. Emociona, de todas formas, el modo directo y casi obsceno en el que Dreyer plantea el drama humano que sustenta su historia: resultan casi insoportables las lágrimas de los dolientes ante la pérdida de un ser amado, la inanidad de los consuelos al uso... Todo esto, en fin, pone un nudo en la garganta y hace olvidar, por unos instantes, que va a suceder un absurdo e inexplicable milagro, propiaciado por la fe de una niña y un loco (o de uno que estaba loco y ya no lo está en este momento culminante de la historia, pero tampoco está, todavía, del lado de la razón común). Y el milagro sucede. Y uno, que intuye que la inteligencia, el rigor de Dreyer ha querido llevar la película por unos derroteros que no son, precisamente, los de la piedad barata y sentimental de Marcelino, pan y vino, pongo por caso, se pregunta qué ha querido dar a entender. Tal vez, simplemente, que la razón humana, por serlo, se autolimita ridículamente, y que excluye demasiado aprisa lo que considera de antemano irrealizable o imposible. "Qué poco creen estos creyentes", dice el loco. Pero no son sólo los creyentes los que creen poco, sino todos los seres humanos, en virtud de mecanismos que sería largo explicar, y que frecuentemente nos llevan a aceptar como buenas precisamente las soluciones más burdas o absurdas.

5 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

El asunto del que hablas, dejarse llevar, dormir, despreocuparse, desprenderse de todo vínculo con la realidad y perderse en el limbo perfecto del sueño, me ha interesado siempre muchísimo. Duermo de día más que de noche: la noche es siempre un espacio personal e íntimo, en donde hago lo que el día no me permite casi nunca. En ese sentido el verano es la estación ideal. Soy profesor así que tengo la suerte de tener unas vacaciones escandalosas. Ahí es donde leo y veo cine a tutiplén y escribo lo que puedo hasta que estimo que debo recluirme en el sueño para no estar zombi al día siguiente. La edad, yo ando por los 44, pide ya descansos mentales, morales, intelectuales. Y darle cuartelillo al sueño. Bendito sea. Bendito de verdad.
Quien habla solo hablará con Dios un día, dijo Don Antonio. En La palabra la gente tiene ese don de buscar a Dios a través de silencios. Silencios casi obscenos como tú muy bien escribes.

El Capador de Turleque dijo...

No me convence ni Dreyer ni casi nada del cine escandinavo (Pensaba en "El viento" de Sjostrom pero caigo en la cuenta de que es americana). Me da grima ese soplo de espiritualidad grumosa de beato baboso. Creo que es un cine,charlatán, autocomplaciente de formas fraudulentas,puritanas que apesta a humedad y a pies de cateto.
Sin querer "comparar a dios con un judio" el milagrito de "Ordet" me trae a la memoria el final de la infame "Rompiendo las olas" del muy estúpido y asqueroso Von Trier. Ninguno de los dos finales me dice nada y estoy convencido de que a ellos tampoco.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Coincidimos en más de una cosa, amigo Emilio, y me alegra constatar esas coincidencias.

En cuanto a Dreyer, amigo de Turleque, creo que no es procedente compararlo con Von Trier, mucho más escurridizo y oportunista. Dreyer resulta más sólido, aunque entiendo que esa solidez pueda causar el rechazo de algunos. Yo también tengo mis dudas, no crea. Pero creo que hay donde rascar.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

http://cinepoesiajazz.blogspot.com/search?q=la+palabra+dreyer

A principios de 2.007 escribi esta reseña sobre Ordet en mi página. Tiempos en los que escribía de cine, que fue el propósito fundacional de todo esto. En todo caso, ahí tienes por si te apetece echarle un ojo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La enlazo a mi entrada, Emilio. Gracias.