sábado, julio 04, 2009

NABOS

Con esto de la crisis, mi supermercado se ha sovietizado: quiero decir que ha reducido la variedad de productos a la venta, para ahorrar, dicen, en gastos de distribución, lo que debería redundar en una bajada general de los precios. La verdad es que hasta ahora no ha notado uno esa rebaja general, por lo que me temo que la ganancia sólo ha sido para el empresario; y también, de rebote, para esa austera moral de crisis que se va imponiendo en según qué ámbitos. Así que voy y le pregunto al reponedor, con la mejor de mis sonrisas: “¿No estaban por aquí las latas de cebolla frita?”. Y éste, mirándome con gesto de absoluta desaprobación, me dice que ya no, que tenían poca salida (es decir, que pertenecían al ámbito de lo minoritario, tan mal visto por los partidarios de la austeridad impuesta), y que ahora sólo hay latas de cebolla con calabacín, que al parecer es alimento más equitativo y democrático... Tampoco encuentro apio blanco para ensaladas, y la única alternativa posible para aviar una aristocrática (y muy económica, por cierto) ensalada Waldorf es utilizar el áspero apio verde, duro y fibroso… También hay nabos, en abundancia, pese a que me da la impresión de que no es un alimento demasiado demandado en estos tiempos de estómagos débiles. Y tengo la sospecha de que esta preferencia obedece al mismo principio de antes: en tiempos de crisis, parece mucho más ajustada al sentir general la idea de cocer nabos que la de cortar apio blanco a taquitos y aliñarlo con salsa de yogur.

Podrían aducirse otros ejemplos: el cacao enriquecido con frutas, preferido de mi hija, ha cedido su puesto al cacao básico y cuartelero, que cuesta casi lo mismo, pero concuerda plenamente con el farisaico concepto de austeridad que practica este supermercado. Naturalmente, no es uno nadie para discutirle a esta empresa su política de precios. Y todavía, no sé si por mucho tiempo, me queda el recurso de irme al supermercado de al lado, más tolerante y, para buscar lo que echo en falta en éste. Pero hay dos o tres detalles que me hacen pensar. Primero: si la demanda anda recelosa, ¿la respuesta lógica de quienes venden productos no debería ser mantener o ampliar la oferta, para animar a los compradores renuentes? Y segundo: ¿acaso no hay, incluso entre los propios capitalistas, quienes parecen congratularse de que haya una ocasión de meter en cintura a una sociedad cuyos hábitos de consumo resultaban demasiado caprichosos e imprevisibles? ¿No es más fácil que todo el mundo coma nabos, en vez de satisfacer el capricho de quien prefiere ensaladas con apio?

Y una última cuestión, que quizá debiera ser la primera: ¿qué ha sido de los empleos de quienes cultivaban el apio caído en desgracia, o de quienes envasaban cebolla frita? ¿Acaso no valen tanto como los de quienes siembran nabos?

Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

El capador de Turleque dijo...

Yo me acuerdo de Gene Tierny sucia y desarrapada pidiendo un nabo de rodillas en "La ruta del Tabaco"

José Manuel Benítez Ariza dijo...

¿Pero no quedamos en que no le gustaba Ford? La ruta del tabaco está entre mis favoritas.

El Capador de Turleque dijo...

Que Ford fuera un borracho hijo de puta no quita que fuera uno de los mas grandes maestros de la historia del arte. La verdad es que John Ford era un personaje "fordiano"