miércoles, julio 15, 2009

ORQUÍDEAS

Le hablo a H. del pueblo de la sierra en el que suelo pasar mis días libres y me pregunta si conozco allí a "Luis el de las orquídeas", al parecer un experto en dichas flores. Le digo que no, mientras me hago el propósito de indagar a la primera ocasión sobre dicho personaje, que debe de ser toda una notoriedad en un pueblo de apenas unos centenares de habitantes donde todo el mundo conoce la peculiaridad de cada cual; y donde, por lo demás, que yo sepa, no hay orquídeas.

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En la misma conversación, me reprochan amistosamente que no se me haya visto en determinados eventos culturales de la ciudad ocurridos en los últimos meses. Y respondo, sin faltar a la verdad, que pueden contarse con los dedos de una sola mano, y aún sobrarían, los actos de esa clase a los que he acudido a lo largo del curso que acaba de terminar. Y me parece, mientras me oigo mascullar poco brillantemente esas excusas, que hubiera debido poner un poco de coquetería o de vanidad en ellas; blasonar de solitario, que no es mal blasón. Pero me traiciono a mí mismo cuando, sin haber sopesado de antemano mis palabras, le espeto a mi interlocutora que yo también la he echado de menos en alguna de las contadas ocasiones en que he sido el protagonista de alguno de esos actos. De lo que deduzco que, si se trataba de aparentar el despego olímpico de los dioses, acabo de marrar el propósito irremediablemente.

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A esa misma interlocutora le he comentado, no recuerdo ahora si antes o después, mi interés por lo que denomino "escuela pictórica de la Sierra", que, a mi parecer, nunca ha sido presentada como tal en la capital, ni merecido una exposición colectiva ni un catálogo. Lo hago llevado por mi amistad hacia algunos pintores de esa comarca, y también por lo que ha supuesto para mí, como puede rastrearse en este cuaderno, confrontar mis propias reflexiones sobre la creación artística, en general, y mi propia práctica al respecto, con lo que he tenido el privilegio de ver hacer a estos amigos pintores, la mayoría de ellos perfectamente a gusto en su anonimato y en su manera privada de gestionar su arte. Le cuento todo esto a mi interlocutora porque ella dirige una prestigiosa institución cultural, y me agradaría que al menos le sonara la realidad de lo que le hablo. Pero me doy cuenta -y creo que también mis otros interlocutores, al juzgar por sus sonrisas, lo han interpretado así- de que parezco estar intentando venderle algo, como seguramente hacen muchos con los que con ella tratan al cabo del día. Me callo, avergonzado, no tanto de mi propósito inicial como de mi ineptitud para transmitir limpiamente lo que, considerado de puertas para adentro, no es sino un entusiasmo legítimo.

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La vida social, incluso cuando ésta transcurre por estos cauces de perfecta sociabilidad amistosa, siempre me deja maltrecho. O quizá sólo sea un efecto (ya que todo esto ocurre en la sobremesa) de una mala digestión.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Sr. Benítez, aunque me temo que no he frecuentado tanto como usted el pueblo serrano al que se refiere, permítame salir modestamente en su ayuda para decirle que sí que hay orquídeas, y más de una variedad y de dos. No se trata Sr. Benítez de las opulentas y carnosas especies que salen en los documentales, sino de delicadas y sensibles florecillas que seguramente habrán escapado a su vista y que espero descubra en próximos paseos con la compañía adecuada.
No pene usted por culpa de su vida social. En ciertos "salones" de medio pelo la naturalidad no se lleva. Lo mismo le pasaba a mi admirado Sr. Henri Beyle.

ISE

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Tiene razón: he aquí algunas de ellas, que seguramente le serán familiares si ha pasead por las sierras andaluzas.

Olga B. dijo...

Tal vez por eso Luis el de las orquídeas se dedica a las orquídeas, porque la vida social siempre puede dejarle a uno algo maltrecho. Las ventajas y los inconvenientes del género humano son tantas que ,a veces, uno acaba dedicándose a cosas raras y bellas: las orquídeas, las maquetas navales de antiguos veleros... no sé, la poesía;-)
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