lunes, julio 13, 2009

PREJURADO (DODECÁLOGO)

Para hacer este trabajo, uno sólo cuenta con sus prejuicios, uno sólo puede fiarse de sus prejuicios. Quien se presenta a un premio literario tiene que aceptar esta premisa.

***

El prejurado -es decir, quienes seleccionan, entre centenares de libros, los pocos que ha de leerse el jurado- siempre sabe cosas del estado de la cuestión que el jurado ignora. Por ejemplo, cuántos libros se han presentado encabezados por citas de Alejandra Pizarnik, pongo por caso; o cuántos poetas viven todavía en los tiempos de Campoamor. Nada de eso es relevante a la hora de elegir el mejor de los libros presentados. Pero, para los escritores que suelen hacer estas tareas, sin duda aclara muchas cosas.

***

El jurado tiende siempre a pensar que el prejurado le ha dado gato por liebre. El prejurado siempre piensa que el jurado no sabe de lo que se libra.

***

Ciertas tipografías, como ciertos modos de hablar, delatan.

***

Lo mismo puede decirse de la encuadernación. Una encuadernación excesiva casi siempre pretende disimular algo.

***

Hay quien escribe sólo para dejar constancia de que es un buen lector. Pero pretender por ello, además, ganar un premio literario resulta sin duda excesivo.

***

Ojo con las citas que se anteponen a un libro o a un poema: la mayoría de las veces revelan, no lo que se ha leído, sino lo que falta por leer.

***

Hay quien escribe como desahogo, y es legítimo. Pero ¿qué es exactamente lo que se pretende cuando se presenta un desahogo personal a un premio literario?

***

Hay libros a los que uno otorgaría sin dudarlo las mayores distinciones, siempre que se pudiera añadir a las mismas alguna especificación de edad, sexo, circunstancia, nacionalidad, gustos literarios, etc. Porque hay libros que sólo son buenos en tanto que libros escritos por un adolescente, o por un anciano que nunca antes había escrito nada, o porque parecen escritos hace doscientos años, o porque a uno le resulta muy curioso que también se escriban libros en Trinidad-Tobago, pongo por caso.

***

Algunos libros son tan obviamente buenos que uno no tarda ni dos minutos en echarlos al cesto de los elegidos; los malos suelen exigir más tiempo.

***

También, entre los libros malos, hay muchos que uno sabe que, en otro tipo de competición -por ejemplo, en una lectura pública de los mismos, en la que el éxito se midiera por la intensidad de los aplausos-, ganarían sobradamente a los buenos.

***

Acostumbrados como estamos a que un jurado premie un libro malo o indiferente, el día en que acierta a elegir uno bueno ¿se nota la diferencia?

9 comentarios:

Enrique Baltanás dijo...

Qué buenos todos. No sabría cuál destacar.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Realmente son buenos.

Se deberían enmarcar y poner en lugar visible en todos los Jurados y Pre, de los premios.

Sergio dijo...

Muy pedagógico este dodecálogo (risas)

Saludos.

FELIPE BENÍTEZ REYES dijo...

Se te nota la experiencia en esa tarea extenuante y, en mi caso al menos, depresiva: cuando he tenido que preseleccionar, me he pasado luego una temporada hastiado de la poesía.

Se desarrolla un instinto, es cierto. Hay libros que sabes cómo son antes de abrirlos siquiera. (Y esas ilustraciones generalmente tremendistas, de fin del mundo, y esas tipografías historiadas, y esas citas exóticas...)

Y, sobre todo, te entristecen las ilusiones descabelladas que hay detrás de la mayoría de los concurrentes: la aspiración a un imposible, con la convicción de que es posible aspirar a eso, por estar convencidos de sí mismos.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias a todos. Se me olvidaba aludir a esa tristeza y ese hastío de los que habla Felipe. Sí, y el malestar que supone despachar en poco tiempo todas esas ilusiones más o menos desaforadas.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

El tiempo y la ilusión, lo habéis definido mejor que el "dodecálogo".

Es el hastío.

Anónimo dijo...

Habiendo sido preseleccionador infinitas veces, no puedo sino aplaudir. Todo lo que has dicho es cierto y lo comparto al cien por cien. La de cosas que podría contar, supongo que como tú. Lo que me he reido tantes veces... Y al contrario (y esta es la parte que abruma). Tiene razón Felipe. También ves cosas que te hacen pensar en la inutilidad del esfuerzo, en la tristeza de las ilusiones equivocadas. Pero ¿acaso no son también equivocadas la mayoría de nuestras ilusiones? Cuántos mundos, cuántas esperanzas, cuántas vidas, cuántas vanidades, cuánto absurdo, cuánto todo. Es un trabajo puñetero.
Un abrazo:
JLP

POESÍA-LEVÍES dijo...

Yo, que soy uno esos de la época de Campoamor, (no quiero pero me sale fácil, sin esfuerzo. Qué se la va a hacer. La familia tiene mucha culpa, y no es por buscar culpable. Pero al primer verso que leen de ti se le caen lágrimas de agradecieminto, y tú, yo en este caso,va y te lo crees. El siguiente
paso es presentar la "genialidad", para que todos puedan disfrutarla al primer concurso que se ponga a tiro o desatino). Como le decía, yo, que soy de los de Campoamor, le digo; no es justo, si me lo permite, que demuestre Vd. tanto talento en su dodecálogo y algunos, muchos sigamos de Campo...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Uno también se siente a veces del tiempo de Campoamor. Como decía, nada de eso es relevane. Solamente indica el estado de la cuestión.