viernes, agosto 07, 2009

ANONIMATO

De todas las noticias, estadísticas, etc. relacionadas con los primeros cien días en el cargo del actual presidente andaluz, la única que me ha interesado ha sido la que constata que más de la mitad de los andaluces no sabe quién es. Nada más que por eso, este hombre merece mi simpatía. Y creo que sería todo un logro si llegara al final de su mandato –para lo que le faltan, dicen, otros novecientos días– sin perder este bendito anonimato. Vivimos en un estado permanente de hiperpolitización, lo que no quiere decir que nos entreguemos con frecuencia a apasionantes debates sobre el estado de la cosa pública, sino, simplemente, que no podemos mirar un periódico o encender la radio o el televisor sin que nos asalte el rostro o la voz de un político y nos haga partícipes de sus castillos de humo, sus palos al agua, sus inquinas contra otros políticos. Sabemos que R. detesta a Z., y que Z. y los suyos detestan a R. Sabemos que hay políticos que aceptan regalos (trajes, por ejemplo) de particulares, y que a veces esos comportamientos terminan siendo investigados por los tribunales. Abrimos el periódico junto a la piscina y nos sale una ministra anunciando quiénes deberán vacunarse de la gripe… Es posible que, en ese caudal de proclamas, anuncios, desmentidos, etc. haya un cierto número de informaciones útiles al ciudadano: la concerniente a la gripe, por ejemplo, aunque todos sepamos ya que el único anuncio tranquilizador, a este respecto, será el correspondiente aviso del dispensario en el que nos toque vacunarnos, y no el rostro sonriente de la ministra que promete velar por nuestra salud. Desearía uno políticos discretos, silenciosos, casi anónimos, que desempeñasen sus cometidos sin grandes alharacas, y que no nos hiciesen pensar, tras cada anuncio grandilocuente o cada desmentido categórico, que hay gato encerrado en su gestión, porque, si no lo hubiera, no pondrían tanto empeño en magnificar lo que hacen o en guardarse las espaldas.

Por eso debería alegrarnos que el presidente autonómico que nos ha tocado en suerte sea tan poco conocido. Eso no significa que sea mejor o peor que otros; pero, al menos, la mitad de sus gobernados se ahorran la sensación de tener un nombre más que recordar, una nueva presencia pública gravitando sobre sus cabezas. Habrá quien relacione este hecho con el bajo nivel cultural de muchos andaluces, y con el preocupante hecho de que no lean periódicos o sigan los informativos de la televisión. Pero eso no les impide conocer las alineaciones de los principales equipos de fútbol, pongo por caso; lo que demuestra que, más que falta de acceso a la información, lo que hay es una selección previa de lo que les interesa y lo que no. A algunos podría preocuparles. A mí no: yo tampoco sé cómo se llama el presidente de mi comunidad de vecinos, y vivo tan feliz.


Publicado el martes en Diario de Cádiz

3 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

ES buena esa teoría. Desconocer a alguien que te rige, es la mejor forma de pasar inadvertido.

Saludos.

yabuid.php dijo...

El presidente de tu finca no sé, pero tu nuevo jefe se llama Pedro.

Antonio González dijo...

Los políticos actuales siguen la línea editorial de la jerarquía católica de la Contrarreforma: "Entrégame tu conciencia y déjate llevar de mi apariencia". Ahora quisieran matar a la maestra, para que todo el mundo crea que la doctrina comienza con ellos.