lunes, agosto 31, 2009

GRILLOS



Mientras charlamos animadamente en esta terraza a pie de playa, oímos cantar grillos. Y de pronto reparo en un detalle en el que hasta entonces no había pensado: ¿puede haber grillos en una playa? ¿De qué se alimentan? Porque hierba no hay, ni nada que se le parezca. Y entonces caigo en la cuenta de que a lo mejor no son los grillos, sino que es la propia noche, henchida de sí misma, la que canta.

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Tal vez a alguien pueda parecerle extraña esta afirmación, pero el hecho es que estas vacaciones me han parecido más largas que otras, y que, en su modesta variedad -los días de julio en casa, trabajando en mi nueva novela, el breve viaje a finales de julio, las semanas en la sierra, la vuelta a casa y el reencuentro con amigos- casi equivalen más a un periodo vital diferenciado, caracterizado por sus propios ritmos y estados de ánimo, que a una simple pausa entre dos cursos. Supongo que el hecho de cambiar de destino laboral contribuye a difuminar cualquier expectativa de mera reanudación de la rutina interrumpida, y que la falta de impresiones precisas de lo que tengo por delante ha hecho que su inminencia, por así decirlo, no se haya dejado sentir con la intensidad y precisión que otras veces. Quizá ésta sea la única manera efectiva de afrontar unas vacaciones: dar algo definitivamente por zanjado, y no tener ideas demasiado claras de lo que se tiene por delante. Por eso éstas han cundido tanto. Y espero haber aprendido algo de ellas.

2 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

La noche, al henchirse, puede cantar casi cualquier cosa. Una vez la oí por Wagner y creía que los helicópteros de Apocalypse Now se me venían encima. Estamos hechos a la ciudad. Yo, al menos, estoy MUY hecho. Andar por el campo, de noche, a oscuras, a merced de los ruidos: ahí oí la noche, henchida, José Manuel, coger el camino operístico. De camping, hace años, te juro que oí boleros. Depende de cómo estés, de cómo de henchido lleves el corazón y hasta qué punto seas capaz de abrirte y dejarte crucificar por el aire. Me ha encantado el post. Saludos, amigo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, Emilio, y lo curioso es que casi nunca suena como la Pastoral de Beethoven, que es como se supone que debería sonar. Feliz fin de verano.