jueves, agosto 20, 2009

ROBOCOP

Reparado el ordenador. Le han cambiado la placa base, la memoria RAM, el ventilador y la tarjeta de sonido. No me pregunten qué son esas cosas, o para qué sirven. Por lo que colijo, es como si a uno le hubieran hecho un trasplante de corazón, de pulmón y de cuerdas vocales, todo a la vez. El resultado ya no es uno. O lo es en la medida en que Robocop sigue siendo el desgraciado agente de policía cuyos restos sirven de base al cyborg. En qué absurdos berenjenales se mete uno por esto de la tecnología. Antes, cuando sólo se contaba con la Olivetti y el papel carbón, las cosas eran más sencillas. Y más difíciles también.

2 comentarios:

Rafa dijo...

Lo "peligroso" de los ordenadores que se estropean no es el desconcierto inicial cuando sucede el desbarajuste electrónico, ni el fastidio posterior, cuando como adictos necesitamos tirar de Word o de Internet y no podemos ni siquiera respirar. Lo peor es la paranoia consiguiente, cuando ya reparado el cacharro y el bolsillo repuesto de la broma económica, un estremecimiento interior nos sacude y nos avisa de que, tal vez, vuelva a fundirse justo cuando más lo necesitamos. Otro miedo más.

Welcome back!

P.S.: Aún conservo mi vieja Olivetti, por si acaso.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Lo curioso es que esto no ocurra, por ejemplo, cuando se te avería la nevera. Debe de ser porque el ordenador es considerado como una extensión de la propia psique de su dueño, y por eso sus averías se viven como un daño infligido en carne propia.

Yo también conservo mi Olivetti.
Un saludo.