viernes, agosto 28, 2009

VUELTA AL COLE

Habrá que esperar a finales de septiembre, e incluso puede que a mediados de octubre, para dar por terminado el verano en lo que a temperaturas y vestimenta se refiere. En lo referente al ánimo, las cosas ocurren de otro modo; y, sobre todo, mucho antes: ya a mediados de agosto empiezan a llegarnos señales inconfundibles del advenimiento de la nueva estación: entre ellas, los folletos publicitarios que anuncian la “vuelta al cole”. Hay quien dice que el cole ya no goza del respeto y consideración de otros tiempos. No sé. Los publicitarios, que en esas cosas no se llaman a engaño, siguen utilizando el comienzo de curso como un efectivo reclamo, de lo que cabe deducir que esa fecha, aunque marque el inicio de deberes y obligaciones que no para todos los niños suponen lo mismo ni a todos los padres comprometen de igual modo, sigue ejerciendo sobre la gente una cierta capacidad de sugestión. En muchos, porque ese inicio supone una vuelta a la normalidad horaria, que ata por igual a niños y adultos, y proporciona a estos últimos la relativa tranquilidad de no tener que dejar a los primeros sueltos e inatendidos durante la mayor parte del día. Un pesimista diría que ésta es la única utilidad que esta sociedad le ve a la escuela, y que lo demás, las exigencias y deberes derivados de la misma, se considera accesorio o caduco. En España, quizá para compensar cierta tendencia natural al optimismo voluntarista, propio de los climas benignos, ha crecido enormemente en los últimos años el número de pesimistas.

Pero no queríamos meternos en esas honduras, sino anotar la llegada a nuestros buzones, como un primer indicio del otoño, de esos folletos que lucen en portada a un niño rubito, con cara de bueno, o a una niña con falda plisada y un lazo azul en el pelo. Mira uno a esos chiquillos, invariablemente vestidos con jerseys de lana y calcetines altos, y no puede por menos que imaginarse el calor que habrán pasado bajo los focos del estudio fotográfico… Lo que redunda, en fin, en la imagen disciplinada y seria que transmiten. ¿Dónde habrá niños así? Más que a la escuela de hoy, tan desdibujada, parecen asistir a una escuela intemporal, en la que realmente se les exija esa pulcritud indumentaria (un tanto anacrónica, diríamos) y les pidan todos esos materiales escolares que anuncia el folleto: esos vistosos cuadernos, esas resmas de folios, esos estuches de lápices…

No es que uno sea demasiado partidario de los ensueños de la publicidad. Pero, desde estas complacientes postrimerías del verano, conforta comprobar la pervivencia de uno de los hitos del calendario humanista, al que ya dedicó versos fray Luis de León: el comienzo de curso, con su olor a tinta nueva y su sugestión de árboles que empiezan a deshojarse, mientras los niños cantan la tabla de multiplicar… Que así sea, y por muchos años.

Publicado el martes en Diario de Cádiz

2 comentarios:

JMGL dijo...

El primer día de clase los niños suelen mostrar un aspecto muy similar al de los que aparecen en esas fotos promocionales. Luego, según pasan los días, recobran ese aire asilvestrado que casi todos tienen y el profesor respira tranquilo.

José Miguel dijo...

Saludos de un compañero, José Manuel.