martes, septiembre 08, 2009

AMAGOS

Rutina. Trabajo por la mañana. Por la tarde, de cinco a ocho aproximadamente, escribir. Dar luego un paseo, o hacer un poco de ejercicio. Ver una película por las noches, antes de acostarme. Leer en los resquicios, durante los trayectos en autobús, o en el intervalo entre la siesta y la reincorporación a la actividad. No, tampoco me disgusta esta clase de vida, que a algunos podría parecerles tremendamente aburrida o cansada. De hecho, lo que me cansa es que en algún momento se modifique la proporción debida entre estos componentes. Que el trabajo invada la tarde, como sucede a veces; o que una lectura obligada no me deje tiempo para garrapatear siquiera unas líneas. Nulla dies sine linea, que dijo Plinio. Y quizá el único factor al que convendría no ponerle límites es a la propia escritura, que es también lectura tentativa de algo que está por hacerse y, sobre todo, un modo de pensar; el único, en fin, que tiene cabida en una rutina tan apretada.

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K. se ha criado como gata de dos casas, y hasta ahora no parecía sentirse extraña en ninguna. Pero también los gatos pierden esa bendita adaptabilidad de los jóvenes. Y, como los adultos, desarrollan una predilección justo hacia aquello que la realidad les veta disfrutar a su antojo. Y la casa que echa de menos, ay, es la otra.

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A un amago de agresividad, de defensa cerrada del territorio propio, ha seguido un inesperado despliegue de generosidad. No sé a qué carta quedarme. Y tampoco logro vislumbrar en qué consiste la posibilidad intermedia.

4 comentarios:

Kris Kelvin dijo...

Buenos días.

A mí, esa rutina me parece el paraíso. Imagínese como envidio esa vida, yo que soy un maniático del orden, que si fuese torero me apodaría "El ordenao"

Yo podría seguir ese hermoso horario. ¡Ah, vaya, se me olvidaba! Hay dos niñas muy pequeñas dispuestas a desordenar un poco cada día, cada hora...

¡Bendito desorden!

Disfrute de sus días y de su gata que como todo hijo de vecino está en su derecho de desear lo que no tiene.

Saludos

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

El post no es suyo: lo he escrito yo en una suerte de prestidigitación digital, si me permites el retruécano fonético. BEndita rutina, como escribe Kris. Escribo a deshoras, siempre. Leo a deshoras. Las horas son para los compromisos. Uno trabaja, ve a los amigos, espera la cola de la charcutería o va por la noche a tirar la basura. Pero hay un refugio en las costuras de las horas en el que existo como yo mismo y en donde me entrego (viciosamente) a lo que me gusta. No hay noche en que no me acueste pensando si he cumplimentado ese rutinario trozo del cómputo del día en el que me siento yo por encima de cualquier otra consideración.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Nada, te lo cedo, Emilio. Y menos mal que hay quien nos desordena un poco la vida, en el sentido que indica Kelvin.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Sí, hijo e hija, ya en la adolescencia, o casi, me desordenan también los horarios, los libros, las rutinas de las que hablamos.